Después del 19, ¿qué?

Camino por un país en que es imposible no toparse con la policía, incluso cuando lo que busco es un libro de Violeta en un museo.

En estos días veloces, parecidos en ritmo al Chile en que mataron a Schneider, recupero el gesto de Lucho Vitale que se preguntaba en 1970, ¿después del 4 qué?

Me imagino un camino de regreso, ese desandar los pasos. Del 70. Del 38, de 1536.

De todos los libros posibles considero el manifiesto de esta actualidad Violeta Parra en el wallmapu (Paula Miranda, Elisa Loncón y Allison Ramay).

Explorando cuatro cintas de sus investigaciones de 1958, las autoras nos muestran cómo Violeta vuelve al Lautaro de su viruela de 1923, un retorno a la casa de Teiller para grabar esos encuentros. Y nos arrastra a la voz originaria en Millelche. Respiramos los sitios en sus nombres que soplan un viento real de madrugadas luminosas y frías: Boroa, Quepe. Graba como un John Lomax sureño y femenino sus cantos y sus quién. Les pide sus nombres, se iguala como cantora.

Violeta es vegetal dos, tres veces. Por eso no teme al viento, ni al mar, ni al volcán ni al fuego. Comprende que lo abierto está pleno de figuras caóticas y que sólo ritmar en canto y música puede poner una pauta pneumática/neyen en esos torbellinos de tierra, agua, aire y sol.

Después del 19 tenemos que desandar. Junto con Violeta, desandar a nuestro Benjamín Subercaseux: «trabajaré todo el resto de mi vida para estorbar los propósitos que puedan volver a crear una monstruosidad semejante». Desandar a Rafael Elizalde y la sobrevivencia de Chile. A Federico Albert, a Diego de Rosales, hasta sumarnos con Violeta a Leftraro, a Eden Wellington, a Jemmy Button que desandaron. A Gusinde que desandó, a Inez Hilger, a van Kessel.

Sin espíritu no hay recuperación. En los remolinos que cuentan historia en sus runruneos, habitan los espíritus que cuidarán de Punta Choros, de Wulaia, de Ventanas, de Atacama.

Como tantas veces que nos hemos perdido y nos movemos en círculos (Tristan Gooley señala que tendemos a dejar el lado difícil a contramano de nuestra lateralidad dominante) es mejor desandar para encontrar otro rumbo.

Después del 19, quebrar el anillo de 1970, de 1938, de 1536.

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