¿Un antropoceno en la medida de lo posible?

En el orden de las preocupaciones políticas parece hoy ser más importante las cuestiones republicanas que las del antropoceno. Se discute centralismo, unidad del estado, reglas de mayoría, pero no se ha dicho lo esencial: necesitamos una constitución para abordar el antropoceno de frente, aunque no tengamos mucha idea de lo que eso implica.

Para eso el pueblo se copó las calles. Es cierto que no habían carteles diciendo: abordemos el antropoceno frontalmente!!!. Pero las raíces de nuestra crisis son el presente geológico del mundo, su acelerado avance hacia un equilibrio eocénico, esto es de temperaturas medias de 12 grados, como hace 55 millones de años atrás.

Poco ayuda un mapa izquierda/derecha en esto. Tampoco los juegos de palabras acerca de la repetición de la historia (o si rima) y la invocación al fascismo.

Se ha roto la gran epistemología moderna que impedía ver la tierra debajo de tanta cháchara acerca de lo social. La delgada capa viviente del planeta aflora por doquier, arrasando con una noción de política sin tierra ni humo ni aire, un debate de leyes sin dependencia del mundo y el uso de la asimetría del cuerpo humano como mapa de esos debates, una cartografía inútil porque hace residir el problema en la subjetividad humana y no en la mundanidad de nuestra existencia.

Los proyectos políticos de hoy pueden ser leídos entonces como (a) Antropoceno para la sobrevida de pocos: un proyecto elitario de parques privados (Tantauco) en que los sobrantes deban mendigarlo todo: reconocimiento, derechos, salarios. Hasta ahora el contrapeso sigue limitado a (b) Antropoceno en la medida de lo posible; una política para abordar el antropoceno tibia y diluida en medio de una indiferencia política, económica y epistemológica al presente.

Ponerse de cabeza en el antropoceno es debatir decrecimiento y austeridad, entender que la economía es un orden moderno, justamente el que nos ha conducido al descalabro.

Incluso menos que eso, entender lo ocurrido en pandemia, no como una venganza de una naturaleza organizada y voluntariosa, sino como parte de las crisis de una civilización frágil y torpe, que cualquier bichito puede humillar, sin contar con la precariedad de sus laboratorios llenos de filtraciones y de sus políticos que viven del miedo y de su propia ignorancia.

Una constituyente puede ser performativa, es decir las palabras pueden volverse acción (speech act) si y solo sí cumplen ciertas condiciones. En este momento esa condición es una comprensión masiva de la situación geológica en la cual estamos.

De otro modo, la convención y su constitución, el nuevo presidente y su gabinete, pueden terminar siendo sólo un simulacro, sin efecto sobre el mundo.

Y el mundo actual tanto como el Chile actual, vaya que necesita caminar más, olvidar los automóviles y los aviones, dejar la carne, la minería, los azúcares.

Es la vida cotidiana la que debe ser cambiada. Lo siento, estos son los temas de una constitución para el antropoceno. El resto es escoria o en tal será convertida por una vida que sepa abordar el antropoceno de frente.

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