me excuso

En medio de una crisis política inédita en que millones quieren participar en lo contingente, unificados por mínimos de urgente actualidad, volver a insistir en las cuestiones de las zonas críticas parece algo desubicado.

Pero así como el mismo Exupéry debió excusarse de dedicar su libro a un judío con frío y hambre en la Francia ocupada, diré que fin al estado de emergencia, fin a las violaciones de los derechos humanos no pueden dejar de lado que la asamblea también debe ser E-Constituyente, incorporando el agua, el aire, el suelo, los territorios, los vivientes y la tierra.

Pues esta crisis también tiene que ver con dióxido de azufre en cifras intolerables, descartadas como malos olores o como problemas psicológicos o como mantención de los equipos de monitoreo. Con ciudades sin agua por más de una semana, pese a estar al lado del lago más grande de Chile. Con glaciares pisoteados por la minería. Con bordes marinos llenos de balsas jaulas y alerces extinguidos.

Un nuevo clima político que surge de las perturbaciones dramáticas del Antropoceno. Si hay temperaturas extremas, lluvias y sequías, derretimiento de hielos milenarios, ¿porqué las frágiles instituciones políticas habrían de permanecer incólumes?

América se descoloniza intelectualmente a 500 años de su pisoteo. Las banderas originarias son las únicas que legítimamente están en la calle.

El crecimiento económico abandona el altar y el monótono discurso de los recursos, las ganancias y el individuo revela su vacuidad.

El canelo habla con su aroma y picor. La Hanna Arendt fuma en mi espalda mientras escribo. La acción, la aparición en el espacio público, la palabra y el cuerpo han vuelto a renacer y con ello, renace la política y se pone en tela de juicio el administrativismo burocrático de lo viviente.

Entonces pido disculpas por hablar de algo un poco menos urgente. La ecología de la historia.

Ecología de la historia: 5 encuentros posibles

Las conversaciones acerca del clima ya no son banales.  La tierra ha vuelto a estar en el centro del universo. Una revolución anticopernicana ha triunfado. O peor dicho, una restauración pregalileana ha terminado por imponerse.  La tierra que se nos había alejado para tornarse el tercer planeta del sistema solar ha regresado como el único humus posible.

Un acontecimiento histórico que debería conmover la forma de pensar la historia. Dipesh Chakrabarty ha escrito cuatro tesis sobre  el clima de la historia

Thesis 1: Anthropogenic Explanations of Climate Change Spell the Collapse of the Age-old Humanist Distinction between Natural History and Human History

Thesis 2: The Idea of the Anthropocene, the New Geological Epoch When Humans Exist as a Geological Force, Severely Qualifies Humanist Histories of Modernity/Globalization

Thesis 3: The Geological Hypothesis Regarding the Anthropocene Requires Us to Put Global Histories of Capital in Conversation with the Species History of Humans

Thesis 4: The Cross-Hatching of Species History and the History of Capital Is a Process of Probing the Limits of Historical Understanding

Por nuestra parte proponemos considerar a partir de este regreso de la tierra, 5 posibles caminos de convergencia entre ecología e historia. A saber:

Ecología de la historia

Tomo este título del artículo de Hanna Landecker que llama a comprender la biología de la historia. En una intensa reflexión sobre la evolución de las bacterias a partir de la producción industrial de antibióticos, propone una inversión del sentido tradicional de nuestra reflexión. En su análisis, no se trata de hacer la historia de la biología, sino estudiar cómo la biología de las bacterias a partir de la industrialización antibiótica farmaceútica y de la crianza de animales para consumo, pasa a estar sometida  la historicidad de los fenómenos humanos . Podríamos seguir su camino reflexivo y decir no es la historia de la ecología, sino cómo ese biologiza la historia o se ecologiza la historia

En un sentido más ambiguo propongo considerar que la historia no es más que la historia de las ecologías. Que una de ellas, la manera ecológica moderna, es una de las tantas ecologías posible, quiźas la más desafortunada. Extiendo lo que E Thompson llamaba economías morales, y  quiero hablar de ecologías morales. Precisamente una de ellas, la comprensión ecológica del presente que pone afuera a los no humanos o los empaqueta como recursos (es una ontología desde el punto de vista filosófico) ha dominado la historia contemporánea.  

Me parece que el el texto de J McNeill Something new under the sun, es una marca notable en un giro ecológico del modo de entender la historia. Aunque el subtítulo An environmental history of the twentieth-century world acota su objeto, obviamente su relato utiliza ires y venires a lo largo de historias más extendidas. Un relato literario de John Evelyn de 1661 denuncia el deterioro de la calidad del aire en Londres. Dada su precocidad y profundidad, me pregunto porqué las ciencias de lo numérico no han reconocido que el pensamiento literario también puede emprender el vuelo anticipadamente y aprender de ellas. 

McNeill ordena los problemas en 4 esferas: suelo y tierra, hidrosfera, atmosfera y biosfera. Ya en 1801 Lamarck había hablado de una física de la tierra compuesta por hidrogeología, metereología y biologia.

Pero también hay en el texto historia humana pasional y dramática. Los anti héroes del ambiente en su historia se llaman Fritz Haber y Thomas Midgely. El primero bien conocido por los chilenos, inventor de la fijación de nitrógeno atmosférico que arrasara con nuestras salitreras, premiado con el nobel de química en 1918, fue también el creador del gas dicloro usado en la primera guerra mundial. Hoy en que la alteración del ciclo de fósforo y nitrógeno es uno de nuestros grandes problemas ambientales, es dudoso si lo premiaríamos con el nobel. El segundo, inventor del freón y la secuencia de flurorocarbonos, gases clásicos del efecto invernadero que hoy nos agobia, limitados globalmente a partir del protocolo de Montreal. Las vidas emocionales y familiares de ambos estremecidas por sus invenciones.

En este movimiento ubicaría lo que hoy se hace como historia ambiental. Pondría a Alfred Crosby como uno de sus principales impulsores, el investigador que acuñó la expresión imperialismo ecológico para explicar el éxito de occidente por su capacidad de exportar ecosistemas.  La historia ambiental de américa es un ejemplo de desarrollo de este campo. Por ejemplo de la historia y efectos de la introducción de ovejas en México (Elinor Melville) y la debacle poblacional del siglo XVI que llevó a la extinción de pueblos indígenas en el caribe y despobló masivamente América. Anotaría aquí como a su más brillante continuador a Shawn William Miller, que hace una historia ambiental de américa, informada, leíble de un tirón, reflexiva y ecológicamente comprometida. 

La introducción de la caña de azúcar, la historia de la introducción del automóvil o del propio movimiento ambientalista en américa, son también campos de trabajo plenamente activos. 

En nuestro país, El libro la Sobrevivencia de Chile tiene dos capìtulos de historia ambiental precisos, exactos, vigentes: El paraíso que fue y Por mal camino. En 31 páginas Raúl Elizalde construye una historia ambiental de Chile.  Su libro entero es una obra extraordinaria, con intuiciones geniales, con un saber contemporáneo actualizado, con notas populares y humorísticas a pie de página, expresa lo grande que fue el pensamiento de Chile en los 60. Si alguien quiere pensar en la recepción de la Carlson en Chile en los 60 (porque ya basta de la recepción de Marx o Foucault) tiene aquí un gran trabajo por hacer. este suicida cuya tragedia íntima apenas pergeñamos (no hay una entrada en wikipedia para Raúl Elizalde!!!) puso las piedras fundamentales del pensamiento eco-político y eco-histórico.

Su senda ha sido  sostenida por el ingeniero forestal Luis Otero en La huella del fuego y el historiador  Mauricio Folchi en su análisis de la explotación del cobre y la destrucción de los bosques.

Ecologización de la historia natural

La historia natural, esa corriente intelectual que en América ya despega de las manos de los curas en el siglo XVI, toma a fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX, una forma bien delimitada.

Humboldt que hoy retorna como una estrella intelectual –agotadas las entradas para la charla de Verónica Wulf en Puerto Ideas– engendra un ciclo brillante en nuestro país: Phillipi, Fonck, Juliet y los hidrógrafos: Vidal Gormaz, almirante Simpson.

La historia natural nunca fue desterrada del mundo de los ecólogos, para quienes el campo y el terreno animaron siempre su práctica. 

Creo que la expresión antropoceno nos invita a una recuperación de la historia natural. Sólo que en un sentido también más concordante con los estudios de Ciencia y Tecnología, habría que sustituir la palabra natural por ecologías.

Eso significa que nosotros historiadores de la medicina tenemos también un mundo por ganar. Los saberes naturales que han vivido 500 años ajenos a la literatura y a la historia, hoy pueden volver a anudarse en una misma historia.

La historia de la medicina y la historia natural de la enfermedad, pueden alimentarse mutuamente. La historia natural de la enfermedad es profundamente histórica no decían ya los historiadores de la medicina como Steven Peitzman en 1989, mostrando el cambiante perfil de la insuficiencia renal crónica desde enfermedad de Brigth a enfermedad renal terminal. Lo mismo mostró Mirko Grmek con el SIDA y cualquier clínico lo ha vivido a lo largo de un par de décadas de ejercicio. 

Mundanización de la filosofía como historia de la filosofía

La aparición de Esferas, la trilogía del filósofo alemán Peter Sloterdijk, inaugura la aparición de una nueva filosofía, la esferología. La filosofía ha sido cuestionada porque siempre es historia de la filosofía. Sin embargo habría que decir que hoy más que nunca necesitamos historias de las ideas de mundo, incluyendo la historia de los pensamientos acerca del mundo que no se han considerado centrales en la historia de la filosofía. 

Uno de esos, la historia del pensamiento del mundo como esfera y como esferas. En Vernadsky por ejemplo, en Von Ueuxkull. Este ejercicio es indispensable para una comprensión del presente. Pero también las historias del pensamiento de mundo no occidental, las metafisicas caníbales, como las señala Viveiros de Castro. El perspectivismo indígena como una cuestión filosófica del mismo tenor intelectual que el pensamiento de Leibniz o Nietzsche. 

En el mismo sentido Philipe Descola ordena las comprensiones de mundo, poniendo la filosofía occidental como una de las formas de mundanizar el pensamiento. Una más, pero no la única.

Historia de la gaia-logía

La súbita aparición de Gaia en el horizonte intelectual de occidente requiere una microhistoria que la explore con toda parsimonia. La relocalización de la reflexión sobre el mundo en abstracto hacia su concreción en  la tierra, la historia del sistema tierra, del entrelazamiento de los ciclos de lo viviente, y la posibilidad para la historia de sumarse a las ciencias que estudian Gaia, es también una invitación a una historia que pueda entrelazar las humanidades con las ciencias.

Historia de las cosas

Finalmente el quinto territorio en el cual es posible un reencuentro es en la historia de las cosas. Nuestro Benjamín Vicuña Mackenna anticipó en más de un siglo a la Escuela de los Anales, a Emanuelle Le Roy Ladurie, y publicó una increíble Historia del clima en Chile. Sorprendente texto, inquieto por una sequía que ni siquiera sabemos si es parte de la megasequía actual. Vicuña mackenna también escribió una historia del cobre (libro le llamaba)  y dejó esbozado la relevancia de hacer una historia del carbón.

Tenemos una maravillosa historia del agua, titulada Biografía del agua, escrita por Phillippe Ball. 

Hacer la historia de un objeto obliga a mirarlo como algo que deviene, en movimiento, indeterminado. Vuelve a los objetos seres nubosos, sus bordes aparecen plagados de otros objetos que los sostienen, los hacen reales, los transforman.  

Si en el siglo XX hacer la historia de algo era hacer una historia crítica, mostrarlo como algo social, hacer la historia de un objeto hoy es revelar su precariedad, suexistencia vaporosa, inmanente, de ligera suspensión atmosférica. 

La contaminación del aire a partir del carbón piedra, contiene ya en su propio movimiento este desplazamiento, esta solidez disuelta en el aire.  Los objetos atrapan nuestras energías intelectuales y políticas. Su historia se vuelve crucial. No es posible pensar ningún objeto sin historizarlo y volverlo también un sujeto. Hoy, mientras nos ocupamos del CO2, recordamos que Primo Lévi termina su libro sobre la Tabla Periódica de los Elementos, con la historia de un átomo de carbono, un átomo individuo  que se mueve a través de una planta, por una nube, en un animal, en un fuego.

La historia de los objetos médicos, terapéuticos, que a muchos parece anecdótica o de anticuario, nos ofrece una perspectiva de convergencia. 

Así como se ha hecho la historia del fuego, podríamos sugerir algunos de los objetos posibles: 

Historia del eucaliptus en Chile

Historia del plástico y lo desechable en la medicina occidental

Historia del ácido sulfúrico en Ventanas

Historia del carbón en la guerra del pacífico

Historia de la electricidad en Chile

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