DESPUÉS DEL ANTROPOCENO

el estado del planeta, el trabajo ecológico y la nueva internacional

Para Ana y Fernando

El reconocimiento de que algo es necesariamente como es origina una especie de libertad: una vez que se reconoce eso, se aprende cómo se debe actuar.

Gregory Bateson. El tiempo está descoyuntado.

tengo una percepción y una interpretación muy animalista de todo lo que hago, pienso, escribo, vivo, pero asimismo de todo, de toda la historia, de toda la cultura, de toda la sociedad así denominada humana, a todos lo niveles, macro- o microscópicos. Mi único afán es no interrumpir esa <<visión>> animalista sino no sacrificarle ninguna diferencia, ninguna alteridad, el pliegue de ninguna complicación, la apertura de ningún abismo por venir.

Jacques Derrida. El animal que luego estoy si(gui)endo.

Introducción

Dejé de escribir este texto hace dos días. Lo retomo esta mañana en que el agua regresa a mi casa y tres comunas vecinas han sido golpeadas con muerte, destrucción y caos, por incendios. Miro con sorpresa aviones emitiendo más CO2 para calentar aún más el planeta, tratando de apagar los fuegos. Como era esperable, cuando los vegetales crecidos en abundancia de ese mismo CO2 y del agua traída por una ENSO desplazada hacia el polo humedad, fueron consumidos, recién se apagaron las llamas.

Los incendios me reiteran la centralidad de la comprensión y de la libertad que puede allí originarse. Por eso retomo una escritura cuya soledad cuestiona radicalmente su valor. Simplemente la retomo.

Antropoceno nació complejo, desde el mismo instante de que Crutzen dijera:

«Stop saying the Holocene!

We’re not in the Holocene any more».

en febrero del 2000 en Cuernavaca, en la XV conferencia del IGBE.

De ahí en adelante, la cuestión estratigráfica pasó a tener un lugar destacado en un debate que en lo básico, es existencial para nuestra especie. La frase de Crutzen es nietzchiana por su forma como por el ejercicio de filosofar a martillazos. No se trata sólo de algo que ha perecido, de algo – cada vez es más creíble- que nunca realmente existió, un artefacto de técnica en el campo de las ideas, una choza intelectual para campesino sedentarios de occidente, que nunca se resignaron a su intemperie.

En este terreno, la escritura de un filósofo no basta y se requiere un acuerdo sobre data (Global Standard Stratigraphic Age) –limitado al precámbrico por ahora– o un límite físico identificable en los estratos(Global boundary Stratotype Section and Point, GSSP).

Arrojados en ese ahí de la discusión, todo indica que la señal será alrededor de los años 50 del siglo XX, sea la explosión de Trinity el 16 de Julio en Alamo Gordo (la precisión es del orden de segundos en este caso) o las pruebas de posguerra, que ya demuestran la presencia de plutonio en forma sincrónica y por todo el orbe.

Los exterminios de pueblos de originarios desde 1492 en adelante, quedan fuera de la prueba. No sólo se obvian las extinciones coloniales de España, sino también las republicanas de Chile por supuesto y las de Estados Unidos. Guerras despiadadas, cercamientos, humillaciones, reducciones, escolarizaciones.

Para mí, en una apropiación indebida, la frase «time is out of joint» es la mejor data. Se aproxima en una decena de años a 1610 (debe de haber sido escrita alrededor de 1559 ó 1600), fecha sustentada por Latour en sus conferencias Face a Gaia, que combina política (asesinato de Enrique IV en Francia), ciencia (publicación de El Mensajero de los Astros de Galileo) y CO2 (los niveles más bajos registrados, dada la expansión vegetal provocada por el genocidio de unos 80 millones de pobladores originarios, durante la conquista española de América). La comisión estratigráfica no revisa archivos de papel, ni acontecimientos políticos, de modo que no hay espacio en el debate para considerar lo descoyuntado de los tiempos. Ni siquiera considerarían que la misma sentencia fue usada por Bateson en el memorándum entregado a los regentes de la Universidad de California en agosto de 1978. Aunque ya en ese texto señalara rasgos de la actual crisis que están profundamente activos:

«El tiempo está descoyuntado» porque estos dos elementos componentes del avance del proceso evolutivo tiene el paso cambiado: la imaginación se ha adelantado demasiado al rigor, y el resultado, para personas de edad conservadora como yo, se asemeja notablemente a la insania, o quizás a la pesadilla, la hermana de la insania.

La salida del tiempo de su marco, de su quicio, de su coyuntura, sigue siendo para mí la mejor descripción del Antropoceno.

El tiempo como senda o como clima, carecen de armonía, de estética. No marchamos. Los ecosistemas de millones de años ya no andan, el planeta se mueve a otra fase, estamos dislocados. Cuando debemos actuar como especie, somos lo más lejano a una especie. Estamos fragmentados, nos organizamos en pequeños núcleos duros, pero como especie estamos divididos. Tenemos la miseria del fragmento, incapaces de grandeza, es decir de fragilidad. En los ecosistemas las especies han de saber comportarse. Aquellas que no armonizan, que no dialogan, que no tranzan, son una maldición.

No se trata de que modificamos el planeta. Todas las especies lo hacen. Gracias al esfuerzo de los seres fotosintéticos oxigenando el planeta, estamos vivos. La más grande revolución geológica ya ocurrió, a punta de Rubisco, la enzima más abundante del planeta. También lo hicieron los corales, produciendo arrecifes que generaron una nueva geología. La cuestión no es si modificamos o no el planeta. No hay forma de vivir en esta tierra sin producir efectos. De lo que se trata es de armonizar. No de arrasar.

Necesitamos volvernos una especie, para armonizar con otras especies en los ecosistemas. Es el propósito a mi juicio de la nueva internacional que explora Derrida. Una nueva terrestrial, ya que las naciones están bien deshilachadas: volvernos una especie, estatus de justicia con vegetales, animales, bacterias, arqueas y hongos. Potenciar nuestra fuerza destructora para volverla restauradora. En este mundo en que el trabajo ya no existe, generar ese híbrido o esa aporía, que resultaria un trabajo ecológico. Mestizaje necesario porque si el antropoceno no es una amenaza al presente, sino la constatación de algo que ya ocurrió, significa que debemos combinar algunas leyendas de tiempos pasados como el trabajo, con alguna de las promesas pos-antropoceno, como la ecología. Palabras descoyuntadas para tiempos descoyuntados.

Como se comprenderá por el subtítulo, mi espectro aquí es Derrida, un texto suyo de 200 apretadas páginas, lúcido y situado a 7 años de distancia de la sentencia de Crutzen, cuya tardía lectura me ha empujado a escribir una vez más sobre Antropoceno.

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