Pachallampe, la siembra de la papa

En el alejado pueblo de Putre, a 3.500 metros sobre el nivel del mar, cada año, el primer o segundo sábado de noviembre, se celebra la festividad del Pachallampe y la comunidad se reúne en un trabajo colectivo para la siembra de la papa. La celebración comienza en la víspera, con la elaboración de los pillos coronas de flores que adornarán los sombreros de cantores y danzantes y, como es costumbre aymara, se realiza una ceremonia sahumando, pigchando la hoja de coca y challando con vino.

Durante toda la festividad, junto al acordeón y dos guitarras se cantan versos que se repiten una y otra vez con una melodía de igual ritmo, que refieren a un amor poco correspondido “amorosa palomitai, amorosa palomitai, dónde estás que no apareces? donde estás que no apareces?… por qué no has venido a verme? por qué no has venido a verme?, como lo has hecho otras veces, como lo has hecho otras veces… si quiera por un ratito, si quiera por un ratito, roba mi corazoncito, roba mi corazoncito… flor de papa flor de papa, flor de papa flor de papa, esta noche no te escapas, esta noche no te escapas, flor de tumbo flor de tumbo, flor de tumbo flor de tumbo, esta noche yo te tumbo, esta noche yo te tumbo…” 

El sábado al mediodía, pasantes y mayordomos reciben a la comunidad con un almuerzo y luego se van bailando por el pueblo hasta llegar al camino hacia el campo donde se sembrarán las papas. En el terreno, nuevamente la ceremonia para que sea en buena hora, que sea una buena siembra. Las semillas provienen de pasantes de los años anteriores y del mayordomo mayor, cargo asociado a la iglesia católica. El sincretismo está siempre presente en las fiestas aymara y nos acompaña San Isidro Labrador que es el santo invitado del Pachallampe.

Siempre al ritmo de la música comienza la siembre, el hombre con la chonta abre la tierra y la mujer coloca la papa que saca de un aguayo amarrado a su cintura, que contiene las semillas.

Este sábado, dos jóvenes familias putreñas asumieron la tradición del Pachallampe, resistiendo al exterminio de su cultura atacada por la vida moderna, la migración a las ciudades, la discriminación, la desigualdad. 

Parece un sueño mágico y poderoso, en medio de la pesadilla que hoy se vive en Chile con la brutalidad policial en las calles disparando contra el pueblo, bajo las órdenes de un gobernante terco y asesino. Sin embargo no es un sueño, es real y puede ser la luz del camino que hemos olvidado, el supuesto desarrollo que nos vendieron no existe, debemos volver al origen, a la tierra, aprender de nuevo a sembrar la papa.

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