Historia política del alambre de espino

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Las historias de las cosas vienen cargadas de fuerza: el oxígeno en Donald Cantfield, el agua en Phillipe Ball. La historia del alambre de púas, es la historia de nuestras ropas rasgadas subiendo un cerro, de una herida en el hombro y una mancha sobre la camisa. Pero es también  la historia de nuestra patagonia, la introducción de las ovejas y de los enclosures, a la manera de la Inglaterra del siglo XVIII. La abolición de lo común que en Europa dio vida a un auge de encerramientos y apropiaciones, fue importada como tantas otras instituciones, para ser instalada entre cazadores recolectores, a costa finalmente de su vida.

Y en las ciudades actuales , los barrios elitistas,  las industrias que ocultan sus secretos tóxicos, técnicos o diversas complicidades, hacen reemerger las púas y los alambres con cuchillas.

Olivier Razac (Melusina [sic] 2015,España)  hace en este libro la historia del Oeste norteamericano y su pugna, alambre de púas mediante, contra las confederaciones iroquesas y Creek. La exclusión de la errancia indígena mediante los cierres. apresurados por los ritmos del ferrocarril y el final de los vaqueros, destruidos por los grandes ganaderos.

Luego nos cuenta la siniestra historia de las vida y muerte en las trincheras en la primera guerra mundial, en que el alambre  retardaba los asaltos enemigos, los disponía al tiro emboscado y hacía de ese primera línea, un grupo indistinguible de los muertos.

El tercer momento de su libro son los campos de concentración. Una instalación alineada con la muerte cotidiana, una industrialización del crimen: electricidad, gases y petróleo.  Siniestros humos de una sociedad termo-adicta. Hasta el exterminio tiene su afición por igniciones, combustibles fósiles, humaredas.

Pero se trata de algo más. No sólo es la historia del alambre de púas desde un posible origen-nacimiento (1874 según Razac). Es una lectura de sus usos gubernamentales, un diálogo con Foucault y Agamben y por supuesto con problemas actuales: fronteras cerradas, migrantes bloqueados, campos de refugiados, zonas ocupadas, pueblos acosados, cierres electromagnéticos, vigilancias por doquier.

Los alambres púas son parte esencial del Antropoceno y de los territorios golpeados.  Sin compartir un análisis basado en las sospechas biopolíticas, levedad del alambre, su acerada tensión y filo, encerrando o excluyendo, han hilado también la senda de las emisiones de CO2, la destrucción de los ecosistemas, la extinción de los pueblos y especies originarias y la invasión moderna del mundo.

El alambre es un animalizador universal. Lo que hace es animalizar a los vivientes. En un momento Razac lo dice. Pero luego lo olvida y sostiene en su texto una radical separación entre humanos y animales, indebida.

En sus líneas finales Razac concluye preguntándose cómo hacer algo más que sobrevir. Pero sobrevivir tampoco es fácil.

 

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