Historia política del alambre de espino

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Las historias de las cosas vienen cargadas de fuerza: el oxígeno en Donald Cantfield, el agua en Phillipe Ball. La historia del alambre de púas, es la historia de nuestras ropas rasgadas subiendo un cerro, de una herida en el hombro y una mancha sobre la camisa. Pero es también  la historia de nuestra patagonia, la introducción de las ovejas y de los enclosures, a la manera de la Inglaterra del siglo XVIII. La abolición de lo común que en Europa dio vida a un auge de encerramientos y apropiaciones, fue importada como tantas otras instituciones, para ser instalada entre cazadores recolectores, a costa finalmente de su vida.

Y en las ciudades actuales , los barrios elitistas,  las industrias que ocultan sus secretos tóxicos, técnicos o diversas complicidades, hacen reemerger las púas y los alambres con cuchillas.

Olivier Razac (Melusina [sic] 2015,España)  hace en este libro la historia del Oeste norteamericano y su pugna, alambre de púas mediante, contra las confederaciones iroquesas y Creek. La exclusión de la errancia indígena mediante los cierres. apresurados por los ritmos del ferrocarril y el final de los vaqueros, destruidos por los grandes ganaderos.

Luego nos cuenta la siniestra historia de las vida y muerte en las trincheras en la primera guerra mundial, en que el alambre  retardaba los asaltos enemigos, los disponía al tiro emboscado y hacía de ese primera línea, un grupo indistinguible de los muertos.

El tercer momento de su libro son los campos de concentración. Una instalación alineada con la muerte cotidiana, una industrialización del crimen: electricidad, gases y petróleo.  Siniestros humos de una sociedad termo-adicta. Hasta el exterminio tiene su afición por igniciones, combustibles fósiles, humaredas.

Pero se trata de algo más. No sólo es la historia del alambre de púas desde un posible origen-nacimiento (1874 según Razac). Es una lectura de sus usos gubernamentales, un diálogo con Foucault y Agamben y por supuesto con problemas actuales: fronteras cerradas, migrantes bloqueados, campos de refugiados, zonas ocupadas, pueblos acosados, cierres electromagnéticos, vigilancias por doquier.

Los alambres púas son parte esencial del Antropoceno y de los territorios golpeados.  Sin compartir un análisis basado en las sospechas biopolíticas, levedad del alambre, su acerada tensión y filo, encerrando o excluyendo, han hilado también la senda de las emisiones de CO2, la destrucción de los ecosistemas, la extinción de los pueblos y especies originarias y la invasión moderna del mundo.

El alambre es un animalizador universal. Lo que hace es animalizar a los vivientes. En un momento Razac lo dice. Pero luego lo olvida y sostiene en su texto una radical separación entre humanos y animales, indebida.

En sus líneas finales Razac concluye preguntándose cómo hacer algo más que sobrevir. Pero sobrevivir tampoco es fácil.

 

¿Naturaleza o territorios? ¿Qué hacer este COP25/COP500?

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En una entrevista en Reporterre el 2017,  Latour apuntó:

« Défendre la nature : on baille. Défendre les territoires : on se bouge. »

(Defender la naturaleza: nos deja boquiabiertos. Defender los territorios: nos movemos. )

Lo que está en cuestión en esta frase es la lucha entre los universales abstractos (incluyendo ese papel de arroz que algunos llaman capitalismo: habría que decir a Marx que a su locomotora de la historia no puede seguirle echando carbón) y una entrada localizada en Gaia. La palabra antropoceno goza de esa misma desventaja: gravemente deslocalizado.  Los territorios, indican al suelo en el que vivimos y nos invitan a seguir las redes en que nos enlazamos.

Y si la actualidad nos aplasta con su cortedad de perspectiva, con el olvido de las verdaderas cuestiones,  el cinismo rampante, la mentira brutal o la economía mezquinando sus basuritas, los territorios oponen a ese peso grave, la liviandad del pájaro que anida en medio de las ruinas.

Ojalá sea esta señal, la que marque nuestra presencia en el COP25. En los albores de 500 años del viaje de Magallanes, bien podríamos decir COP500.

Magallanes no trajo carbón mineral ni desenterró yacimientos. Pero cargó en sus navíos máquinas de carbón orgánico para traer ecosistemas que asfixiaron los nuestros.

En los humos de la catástrofe industrializada,  el gesto localizado hacia los territorios en que se vive en medio de apuros. De eso debería tratar nuestro COP500.

El estado es sólo un estado (en esto Matta* y Latour** tienen gran acuerdo), un momento (siempre  rezagado) respecto de la actualidad.

Guardemos el gesto supinador. Mostremos el gesto constructivo, afirmativo. Lo que no sabes por tí mismo no lo sabes, insistía Brecht.

Lo que no vives, no registras, no debates, ni es vida, ni análisis ni política.

 

*en el sepultado estado/en que está cualquier estado/está en deplorable estado

**Il ne faut pas demander à l’État plus qu’il ne peut donner. Par essence, il s’appelle un « état », un état de choses. Il résout des problèmes qu’on avait mis en place à l’étape précédente. Il est par définition toujours en retard d’une guerre. S’il n’y a pas eu de société civile active capable de le modifier à un moment donné, l‘État, à l’étape suivante, reste « en l’état » justement, sourd à la situation. Reporterre

Caminar editando

Caminamos hablando del cierre editorial del número de abril Salud y Ambiente de Cuadernos Médico Sociales y de su presentación en Ventanas. Nos acompaña un pescador y pisamos la arena de una playa industrializada.

Surfistas aprovechan la descarga de las termoeléctricas para practicar en aguas tibias. Un pilpilén intenta hacer su nido en el resto de duna que ha quedado, debajo de las huinchas transportadoras de cobre y carbón, que se entrecruzan en el cielo.

Un pez muerto,  en una orilla en que los caracoles están ausentes y sólo las caparazones de pulgas de mar, se acumulan al borde de los ductos de agua.

Mientras intento enhebrar estos pasos en la arena, pesados de destrucción, una de nuestras editoras me envía una charla TED de Greta Thunberg.

De sus palabras certeras y acompañadas de una mirada que escarba en la profundidad de lo que está diciendo, me resuena la acción. La esperanza ella dice, viene con la acción. No antes.

 

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Levi-Strauss, testigo y discípulo

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...estos salvajes, cuya oscura tenacidad nos ofrece todavía el medio de asignar a los hechos humanos sus verdaderas dimensiones: hombres y mujeres que, en el momento en que hablo, a miles de kilómetros de aquí, en alguna sabana devorada por los incendios de la maleza o en una jungla brillante de lluvia, retornan al campamento para compartir una pobre pitanza y evocar juntos a sus dioses; estos indios de los trópicos –y sus semejantes del resto del mundo– que me han enseñado su pobre saber, donde se encierra, sin embargo lo esencial de los conocimientos que vosotros me habéis encargado transmitir a otros; condenados bien pronto, por desgracia, a la extinción, bajo el golpe de las enfermedades y los modos de vida –para ellos, todavía más horribles– que nosotros les hemos llevado, y con quienes he contraído una deuda de la cual no me sentiría liberado aun cuando —en el lugar en que me habéis colocado– pudiera justificar la ternura que me inspiran y el reconocimiento que les debo, mostrándome tal como fui entre ellos y tal como quisiera no dejar de ser entre vosotros: su discípulo y su testigo.
Claude Lévi-Strauss en (Lévi-Strauss, 1968)
(los dibujos pertenecen al ejemplar que Draco Maturana tenía de El Hombre desnudo)
Introducción
El estructuralismo parece haber quedado atrás. Un pensamiento acusado de negar la historia, de ser marxista, de no ser marxista, de negar al hombre, de reivindicar al hombre.
Quienquiera que pudiera rescatar algo de ese movimiento que vivió apenas entre la segunda guerra y la caída del socialismo, pareciera estar obligado a decirse como mínimo post-estructuralista.
O proponer una aproximación a sus autores, en las cuales se demostrara que nunca fueron realmente estructuralistas.
Lo que me propongo hacer aquí con Lévi-Strauss no quisiera situarse en esa perspectiva, valiosa por cierto.
Lo que busco es entender su particular proyecto como discípulo y testigo de los indios americanos. Inspirarse en la ternura que él reconoce. En medio de un antropoceno turbulento, de un planeta transformado geológicamente por la praxis occidental, la valoración del saber que contiene el pensamiento salvaje, es apenas una primera lección. Pero contiene en ciernes, la posibilidad de nuestra sobrevida.
También animar la lectura de un autor prolífico, considerado difícil. Que amenaza con extraviarnos en la extensión de su conocimiento de la vida intelectual de los indios: sus reglas de parentesco, sus mitos, su lengua, su saber, su arte; o en la infinita riqueza de sus interpretaciones;o en la profunda musicalidad y matemática de las estructuras que revela.
Por una condición histórica desafortunada, la obra de Lévi-Strauss llegó a Chile en los sesenta y setenta, período de una ebriedad marxista. Durante la dictadura el estructuralismo fue una presencia muy restringida a círculos cultos y por supuesto, fue tema de ataque de los inquisidores de turno (Lihn, 1983). La recuperación de la democracia, que poco de recuperación ha tenido, sobre todo en el plano intelectual, llegó demasiado tarde. La posibilidad de comprender el es-
tructuralismo como un movimiento ya se había disipado. De seguro, Foucault en un nicho y Lacan en otro, son los autores más recurridos. Y aunque el mismo Lévi-Strauss no se hubiera sentido bien ubicado en mi propia cita junto a ellos: “Los únicos estructuralistas con quienes me gustaría ubicarme son Émile Benveniste y George Dumézil”(Clément, 2014, p. 62), existe un aire de familia en todos ellos. Su auge y su ocaso son parte de un movimiento conjunto (Dosse, 2016a) y (Dosse, 2016b): una intrincada y compacta red de influencias intelectuales cuyo reconocimiento es parte de la comprensión de alguna obra o de algún “autor”.
Lévi-Strauss ahondó en la comprensión y expresión formal de estructuras complejas. En Las estructuras elementales del parentesco, hay un apéndice matemático escrito por André Weil (el hermano de Simone Weil y miembro de Bourbaki). La serie de las mitolicas es un largo movimiento en torno a esas estructuras, con menos matemáticas y mas narrativa y musicalidad. Pero a más de estructuras, hay gestos en Lévi-Strauss que son plenamente actuales, que merecen ser nuestros gestos, nuestras llaves de retorno. tanto expresiones de esa ternura, del testigo y discípulo que se proponía ser.
Registraré aquí sólo tres. Primera escritura fugaz de una gestualidad más rica, pero son las marcas de mi comienzo.
l'homme_nuPrimer gesto: ternura a lo indio
La expresión ternura que encabeza este texto, el propósito de ser un testigo y discípulo,es un gesto etnográfico plasmado de ternura. Lévi-Strauss lo remonta a Rousseau, a quien sitúa como fundado de la etnología.
Una ternura que se arma intelectualmente en la constatación de las complejas operaciones intelectuales que sostienen una estructura de parentesco, una elaboración de mitos o un conocimiento ancestral. Hoy podríamos agregar, las complejas operaciones intelectuales de pueblos que se opusieron al crecimiento y al desarrollo, que antes que occidente, ya sabían que occidente era inviable.
No hay en los indios ni infancia intelectual de la humanidad, ni atavismo o lo que él llama “la ilusión arcaica”. Oponiéndose entonces a la idea de progreso y con ellos, a la modernidad y a las modernizaciones, Lévi-Strauss no deja de ver lo dramático que es para los salvajes nuestra civilización. Pero tampoco deja de ver que las herida civilizatorias también son graves para los occidentales mismos:
En este mundo más cruel que nunca , quizá, para el hombre, donde cunden todos
los procedimientos de exterminio, las matanzas y las torturas –nunca negados, sin duda, pero que nos complacíamos en creer que no contaban ya, sencillamente porque eran reservados a poblaciones lejanas que los padecían, según se pretendía, en nuestro provecho, y en todo caso en nuestro nombre–, ahora que, acercado por el efecto de un poblamiento más denso que empequeñece el universo y no deja porción ninguna de la humanidad a resguardo de una abyecta violencia, esa sobre cada uno de nosotros la angustia de vivir en sociedad”(Lévi-Strauss, 2011, p. 43)
Segundo gesto: ternura más allá del hombre
La devolución de la igualdad a los salvajes por supuesto va de la mano de la igualdad a los animales:
Se empezó por cortar el hombre de la naturaleza y por constituirlo en reino soberano; se creyó así borrar su carácter más irrecusable, a saber que es ante todo un ser vivo. Y, manifestando ceguera hacia esa propiedad común, se ha dejado el campo libre a todos los abusos. Nunca mejor que al término de los últimos cuatro siglos de su historia pudo el hombre occidental comprender que arrogándose el derecho de separar radicalmente la humanidad de la animalidad, otorgando a la uno todo lo que quitaba a la otra, abría un ciclo maldito, y que la misma frontera, constantemente alejada, serviría para apartar a los hombres de otros hombres y a reivindicar, en beneficio de minorías cada vez mas restringidas, el privilegio de un humanismo, corrompido no bien nacido por haber tomado del amor propio su principio y noción (Lévi-Strauss, 2011, p. 42-43)
Hoy con una reflexión fuerte (Derrida, 2016), (Lestel, 2018) y un movimiento de derechos animales poderoso (Pelluchon, 2018) y con los jóvenes agitando sus banderas vegetarianas, veganas y animalistas, estas palabras indignadas pueden parecer las de un compañero de ruta.
Pero sus palabras, su revuelta contra el humanismo, su denuncia y desprecio, son en verdad el fundamento de la cuestión animal, el radical cuestionamiento que hace a occidente la cuestión animal, así como de la falsa separación entre naturaleza y sociedad.
secrets_familleTercer gesto: haber sido mujer
En Tristes Trópicos, en sus últimas líneas se encuentra esta fenomenal sentencia:
Que l'Occident remonte aux sources de son déchirement: en s'interposant entre le boudhisme et le christianisme, l'Islam nous a islamisés à s'opposer ‘a lui et donc à lui ressembler, plutôt que se prêter s'il n'avait pas existé– a cette lente osmose avec le boudhhisme qui nous eût christianisés davantage, et dans un sens d'autant plus chrétien que nous serions remontés en deçà du christianisme même. C'est alors que l'Occident a perdu sa chance de rester femme (Lévi-Strauss, 1955, p. 490)
La versión que circula entre nosotros dice:“Entonces fue cuando el occidente dejó de ser fecundo”(Lévi-Strauss, 1955, p.413). Sorprendente que una traductora haya escogido fecundo en donde dice mujer.
Que Occidente hubiera podido seguir siendo mujer. He aquí una sentencia radical.
La carga sobre el islamismo no importa tanto. Cuál de los mono-ateísmos ha servido para derrotar esta posibilidad no es tan relevante. Las contrareligiones por decirlo en términos de Jean Assman (Assman, 2006), han sido movimientos intelectuales guerreros contra la pluralidad, la diferencia, el flujo. Que en su metafísica han optado por el uno, una réplica pequeña e ilusa del no menos iluso yo.
Enigmática expresión. Occidente mujer. Nos obliga a desplazarnos hacia esta ella que occidente fue.
Texto completo
Referencias
Assman, J. (2006). La distinción mosaica. O el precio del monoteísmo. akal, Toledo.
Clément, C. (2014). Claude Lévi-Strauss. Fondo de Cultura Económica, México.
Derrida, J. (2016). El animal que luego estoy si(gui)endo. Capital intelectual, Buenos Aires.
Dosse, F. (2016a). Historia del Estructuralismo. Tomo I. El campo del signo 1945-1966. Akal,
Buenos Aires.
Dosse, F. (2016b). Historia del Estructuralismo. Tomo II. El canto del cisne 1967 a nuestros días.
Akal, Buenos Aires.
Lestel, D. (2018). Hacer las paces con el animal. QuualQuelle, Santiago.
Lihn, E. (1983). Sobre el antiestructuralismo de Jośe Miguel Ibáñez Langlois. Ediciones del
camaleón, Santiago.
Lévi-Strauss, C. (1955). TRISTES TROPIQUES. PLON, Francia.
Lévi-Strauss, C. (1968). ANTROPOLOGIA ESTRUCTURAL. Eudeba, Buenos Aires.
Lévi-Strauss, C. (2011). ANTROPOLOGIA ESTRUCTURALmito sociedad humanidades.
silgo veintiuno, Buenos Aires.
Pelluchon, C. (2018). Manifiesto Animalista. Politizar la causa animal. Reservoir Books, Bar-
celona.

 

Un biólogo en un mandala

IMG_8611En un metro de bosque
Un año observando la naturaleza
Turner Noema
2014
Larga historia la de la historia natural. A veces reducida como una especie al borde de la extinción, sabe renacer en tiempos difíciles.
Plinio el viejo es mencionado como el inaugurador de la serie, pero bien mirado historia natural hay por doquier. En nuestra historia americana post conquista, los narradores de Indias como Joseph de Acosta  hicieron historia natural y usaron este nombre para sus textos. Destacan nuestros valiosos jesuitas, encabezados por Ignacio Molina, pero Alonso de Ovalle también tiene mérito suficiente para serlo. La historia natural parece cobrar nueva vida en medio de una época en que la dicotomía natural social ha colapsado. Sus destrezas ciertamente científicas, se amalgaman con la apreciación por el terreno (y el viaje), la valoración de los saberes locales, la erosión de las fronteras de la especialidad e incluso la artificial y dañina separación entre un mundo humanista respecto de otro científico. Una práctica científica además autoral y estetizante, en el mejor sentido de la palabra. Colegas como Francisco Fonck y Rudolph Phillip la practicaron con intenso amor.
Historia natural es la que hace el biólogo Henri George Haskell, en un bosque ubicado en el campus de su universidad. Observa un pequeño círculo del bosque durante un año. Lo llama su mandala. A partir de lo que ocurre allí, Haskell hace una biología intensa, profunda y llena de hipótesis.
Poco importa que su mandala esté al lado de un campo de golf y que incluso encuentre seguramente tras un golpe osado, una pelota plástica. Los insectos que pululan tienen también resistencia a los pesticidas, los árboles son parte de un renoval, los lobos han sido sobrepasados por los coyotes. La pureza no existe.
Con un intenso trasfondo zen, la proximidad de Haskell con lo que observa y narra hace de la botánica, la ecología, la etología y todas las variantes de saber biológico, incluyendo ciertamente rasgos geológicos, un disfrute. Su libro es un manual de historia natural para el siglo XXI, un hilandero tejiendo en la senda humboldtiana.
¿De qué serviría nuestro amor por el planeta y la vida si no logra encarnarse en obras hermosas y gozosas de ser disfrutadas?. Haskell logra reanimar nuestras fuerzas terráneas, con una prosa vivificante. Al leerlo sentimos la humedad del bosque, el frío, el viento, la luz. el movimiento de las salamandras, los mosquitos, las hojas, las semillas. Pero también comprendemos la complejidad mitocondrial, la regulación de las luciferazas, la contemporaneidad evolutiva de los líquenes. Haskell nos invita a mirar, a demorarnos en el mundo, a respirar el tiempo de lo viviente. Demorarse de un modo que vale la pena.

Madre Coraje en pleno antropoceno

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¿Brecht actual ? ¿O sólo un espectro?

Madre Coraje dirigida por José María Muscari y con Claudia Lapacó haciendo de la mujer valiente que comercia en su carro en medio de la guerra de los treinta años, nos responde afirmando la vigencia plena de un teatro que pone al espectador en apuros, por la urgencia y la politicidad de lo que allí hacen los actores.

La guerra es el comercio y el comercio es la guerra. Madre Coraje vive de la guerra, mientras cuida de sus tres hijos, a través del comercio y alaba la guerra, porque es esa guerra la que le permite vivir.

Y aunque todos sus afectos sean destruidos por la guerra, no alcanza a lamentar el infortunio bélico.

La palabra comercio sigue siendo tan vigente como el año 1939 cuando Brecht escribe o en la primavera de 1624, cuando se inicia la obra. La palabra guerra puede ser leída hoy como la sistemática destrucción de los ecosistemas, alentada por un comercio que ve recursos donde hay biología, belleza, simbiosis, ecología.

La Madre Coraje actual pese a las tragedias planetarias: aluviones, incendios, extinciones, episodios de toxicidad masiva, desertificaciones, sigue creyendo que esa tragedia es necesaria porque alienta el comercio y sostiene su vida.

Brecht comentó a pie de su texto:

Mientras la masa sea el objeto de la política, no podrá considerar lo que le sucede como un experimento, sino como un destino; aprende tan poco de la catástrofe como un conejillo de Indias de biología. No incumbe al autor de la obra abrir los ojos al final a Madre Coraje…Ella comprende algo hacia la mitad de la pieza, al final de la escena 6, pero luego vuelve a perder esa comprensión…Lo que importa al autor es que el espectador comprenda.

Nuestros cóndores en apuros!!!

Ami libre, 2017 Foto Sebastian KohnEstimados amigos y colegas,
Lamentablemente tenemos otro caso de cóndor muerto que lamentar!
En esta ocasión murió en Ecuador una hembra adulta potencialmente envenenada.
El “Proyecto de Investigación y Monitoreo Ecológico del Cóndor Andino en Ecuador” de la Fundación Cóndor Andino y The Peregrine Fund venía monitoreando a esta hembra, llamada Ami, con rastreador satelital y bandas alares desde Marzo del 2015. Si, el rastreador duró casi 4 años!

Cuando capturamos a Ami ella era subadulta, estábamos esperando que se reproduzca pronto, lamentablemente no llegó a hacerlo.

Adjunto encontrarán un boletín informativo, algo de fotos y la imágen que estamos usando en redes sociales para concientizar a la gente.

Espero que se llegue a esclarecer este asunto y los mantendremos informados de cualquier novedad.

Un abrazo condorero

Sebastián Kohn

Director Ejecutivo

Fundación Cóndor Andino

Quito, Ecuador
www.investigacioncondorecuador.com

Boletiìn informativo Muerte Ami

Wulla

IMG_0285Laguna el paso. Bordeada de rocas y con algunas zonas congeladas, debes rodearla por su extremo oeste, entre piedras y manchones de nieve. Marca para mí un punto de inflexión. Llevo 5 horas de caminata, 11 días de errancia, amistades rotas y otras nacientes, mi compañera a 3000 km al norte.

Estoy intentando amarrar en un solo nudo carbón, antropoceno, yaganes, Patagonia. Por decirlo de una manera sencilla, vincular el trabajo de Charles D. Keeling y la curva epónima, con el río de las minas, signo unívoco de la importancia de la propulsión a vapor para navegar el estrecho. El desembarco de los ecosistemas de occidente, las especies oveja, caballo, trigo, castor, eucaliptus, acorralando a las especies nativas. Los ecosistemas conceptuales, las dualidades de occidente, arrasando los órdenes canoeros.

Las naves de vela del siglo XVI podían transportar ecosistemas en escala suficiente para perturbar radicalmente las ecologías nativas, que sabemos eran causa y efecto de los poblamientos humanos. La navegación a vapor potenció esa condición. Las armas, las iglesias y el gobierno metropolitano podían exportar ecosistemas conceptuales. Los imperios decimonónicos tecnificaron al máximo este comercio de ideas, con su educación obligatoria, su trabajo obligatorio, sus cárceles obligatorias y su medicina obligatoria.

Punta Arenas fue fundada al lado de una mina de carbón. Las aguas aún arrastran el mineral a su desembocadura en el estrecho. El eolismo pleno pertenece al Cabo de Hornos,  zona menos tortuosa y más abierta, que permite maniobrar una gran nave en viento de los torbellinos y remolinos. La autopropulsión del vapor, la explosión de movimiento circular generado por una térmica del agua y el carbón, engendra un pequeño trozo de anti-entropía, que se mueve entre las corrientes. Las canoas de corteza de coigüe van en otro sentido, negentropía, la vida navegando en el desorden.

Algo de eso son también mis pasos rodeando los dientes de Navarino, biología misma entre los cerros, entre unas rocas que reparten piedra y agua con distinciones precisas, un orden geológico se establece que da forma también a lo vivo, una biología pétrea, agua, ventisca. De las configuraciones que enlazan los elementa con la vida. Lugares vivientes del fuego, del aire, del agua y de la tierra.

Intento articularlos en el doble rostro del carbón\carbono. Primo Lévi, memorialista de los campos nazis, ha dedicado el capítulo final de un libro concentrado en unos pocos elementos de la Tabla periódica, al carbono. Ni siquiera al carbono, sino a un átomo particular e individualizado de carbono. Como un Julio Verne de la nanotecnología, visionario y lúcido, da al átomo la fuerza de una memoria viviente. Carbón, carbohidratos, fotosíntesis, hidrocarburos, arquitectura de macromoléculas, enlace de la tierra y el sol: moléculas de aguas rotas por fotones energizados del fuego, para liberar Oxígeno al aire, nitrógeno de la tierra ensamblando Rubisco  para concertar esta danza fotosintética.

Tengo entre las manos los trozos de carbón arrastrados por el río. Mientras camino tropiezo con restos de hogueras de algunos viajeros. A la entrada de Ukika están los restos køkkenmødding o tamba’kī (De la Amazonia a la Patagonia, frase tan amada por Lévi-Strauss((¿¿pants or books??)) ).  La cultura de la madera de los castores, venzolanos o haitianos del antropoceno hacia esta zona sur, terciando en las luchas por un agua que ha dejado de tener el espacio de los comunes.

La isla perdió su nombre Wulla para ser nominada por una batalla entre griegos y turcos en 1827: Navarino. Caminar por aquí es leer en cada sitio nombres que son la historia occidental aplastando la historicidad indiana. Bahía Nassau, lago Windhond, Canal Beagle, Estrecho Murray, Seno Darwin. Benjamin dice en alguna parte que

en el nombre aparece la ley del ser del lenguaje, según el cual resulta igual hablarse a sí mismo como como dirigirse en el habla a todo lo demás. El lenguaje, y en él una entidad espiritual, sólo se expresa puramente cuando habla en el nombre, es decir en el nombramiento espiritual.

Pero aquí occidente ha inventado una falsa universalidad, pisoteando a Wulla y sustituyéndola por una conmemoración guerrera. Restituir una universalidad indiana.

Subo hasta el Paso Australia, mientras a mi lado un río luminoso y arrollador baja desde sus glaciares hasta los lagos. Camino por una cumbre larga, casi dos kilómetros de altiplano. Busco el próximo túmulo para mantener mi rumbo. Bordeo una rimalla y empiezo un descenso hacia laguna guanaco, hacia Williams, hacia el regreso. No he visto a nadie en el ascenso. Encuentro un grupo que baja con cuidado con paso lento. Agradezco su presencia que atempera mi marcha y me protege de una velocidad innecesaria.

*

Cruzo desde Puerto Navarino hasta Ushuaia. Visito la Colonia Penal. Kafka y Chéjov me acompañan.

La coloia penal es un gesto mediante el cual occidente reconoce su marginalidad en la zona: pese a los enclosure, a la evangelización protestante –Bridge el órfano es el puente-, a las estancias, al zinc, las cocinas de hierro fundido (carbón carbón carbono), Patagonia es un borde. Lo fue en este experimento de trabajo y castigo, en este vigilar y castigar austral, en este faro de una gubernamentalidad del fin del mundo. Occidente nos ha puesto próximos al fin del mundo. Somos el fin apocalíptico del mundo occidental. Nuestra dalcas habrán de redimirnos de tal naufragio.

Y sin embargo yaganizamos las ciudades con paso ancho. Camino con pie de indio. Ushuaia como una novia engalanada en medio de una estepa agreste, sabe que está perdida en una zona que siempre será borde. Al menos del otro lado, en Mejillones, seguimos siendo agrestes, ásperos, salvajes.

Iré a Mejillones a caminar por su cementerio, trabajado por un colega en su ciclo MGZ.

IMG_0313Vengo de extenso diálogo con colega turnante en Hospital de Talca, que despliega saberes antropológicos, dignos de una Hernán San Martín o un Benjamín Subercaseux. Las nuevas generaciones se internan sin saberlo por los derroteros intelectuales de sus grandes maestros. Bajamos al río con baldes plásticos de pinturas Oxiquim a buscar agua y emprendemos diálogo insospechado con infantes de marina que vuelven 40 años después a la misma noche vísperas de una guerra. Diálogo de cuerpos envejecidos, de historia a sacudones, de bandos que se barajan y vuelven a barajar. Soy un testigo privilegiado.

Hablamos con Popi de antropología simétrica. ¿Qué le pasó a Fitz-Roy con Fuegia? ¿con Jemmy? ¿Por qué torció su rumbo hasta el suicido? En las líneas introductorias Subercaseux escribe oracularmente:

se le adentraron en el alma mas allá de lo que conviene para la buena salud mental de los que se ejercitan en el bien

Algo de esto habrá vivido Gusinde en 1922 como sacerdote y como hombre, en la operación de desnudar a trabajadoras de haciendas y volverlas indias. Misterioso secreto que reside en exhibir los pechos, en pintarse la cara con sales de calcio. Gusinde nunca volvió. ¡¡¡Qué dolor en su alma!!! No se cómo podría vivir sin volver mil veces a esta Comala. Antropología simétrica: lo que los indios le han hecho a occidente. La metafísica que ha perturbado su orden. El canibalismo devuelto.

*

¿Qué me enseñó Caleta María? Algunas cosas sobre la amistad. Rostro muriente de las décadas de los 70 y rostro naciente de encuentros posibles.

Pero también me mostró que occidente no sabe qué hacer con la Patagonia. Los hippies no saben qué hacer. Los ecoturistas tampoco. Los científicos menos.

Aquí está Patagonia inexpugnable, inapropiable, aunque tengas un rol en el conservador de bienes raíces y una cifra de hectáreas para exhibir, no puedes guardarte en el puño este viento, estas olas, el vuelo desatado de un cóndor,  la turbulencia de una nube.

Occidente no tiene nada por nombrar aquí.

*

Museo Martín Gusinde de Puerto Williams: el museo de Chile. Me basta con su arquitectura sencilla, sus salas espaciosas sin vigilantes, el privilegio errante de ser el único visitante. Una exhibición que parece hecha a mi medida. Sospecho  una secreta configuración que se adecúa a cada visitante. En este caso a mí. Como esos buscadores de la web que parecen saber exactamente lo que buscas y lo que quizás te interesaría.

Es un ademán galante si digo que es el museo más lindo de Chile. Porque significa que todos los otros pertenecen a esta estirpe elegante y sencilla, son comparables, tienen  aire de familia. Sólo que es éste el que me enamora, el que me captura, me lleva y me susurra.

En el patio un ukurj. Y unos huesos de ballena desperdigados. Hasta aquí ha llegado esa oscura barrera que franquea las dos culturas. Las ciencias sociales intramuros, sabias y honestas, hermosas. La biología esquelética de las ballenas no ha logrado estar haciendo lo suyo. Los huesos de la ballena son curiosidad de gabinete, no poseen guión ni texto que las nombre. Ahí el antropólogo dejó sitio al coleccionista, que sin saber  las sacó al afuera.

*

Camino, respiro. Intento anudar el nudo carbón\carbono. Allí donde el enlace químico se biologiza. Bordeo los dientes de Navarino. Trato de no “hacer los dientes”, como gustan decir los amantes del trekking. Casi los camino con escaso rumbo. Cazador-recolector de esta ruta trazada sobre mapas maravillosos —

Life is Too Short for Bad Maps (Bruce Willet SIG Patagon)

—la voy inventando en la medida en que la camino, contemplo bahía Nassau desde un paso, busco el falso y el verdadero Cabo de Hornos. Como si tuviera la historia de occidente en la palma de la mano. Se  vuelve liliputiense, una maquetita de la historia real.

Holoceno es una casita hecha para proveer cobijo al hombre de occidente. Bastaría un golpe de ola para borrar

como en los límites del mar un rostro de arena

Bastaría un antropoceno en apuros, para sacudir sus convicciones.

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Al regreso el ascenso por península Brunswick una mina de carbón como si mi camino hubiera sido vano.

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¿De qué hablamos cuándo hablamos de autodeterminación de los pueblos originarios?

IMG_0312Pehuén, catedral de las torcazas; torrenteras donde abrevaron pumas; mañíos de virilidad; amartelados, sollozantes copihuales … Como cielos de primavera olían los palos, por el trato del fuego. Talados los boscosos montes de Arauco, la leña es una ausencia.
INCHIN TANIL MAPU . Hernán Carvajal, malleco, abril de 1960.

Si las guerras corrompen la vida misma, una guerra fratricida disloca los vínculos elementales de las colectividades.
El empeño guerrero en araucanía ha producido un colapso institucional en el estado chileno y sus instituciones, del cual no se puede salir sino mediante el diálogo y la paz.
Un diálogo que debe establecer nuevas formas de coexistencia con nuestros pueblos originarios. No con sus descendientes. Con su presencia actual.

La “reducción” no es más que un puñado de empobrecida tierra, donde a duras penas brota la vegetación de la agonía, la botánica de la consunción que mentan “pasto pellejo”
(ibid)

La primera cuestión es el derecho a nombrar por los pueblos originarios. Nombrar lugares, nombrarse como personas, nombrarse como pueblos. Es sorprendente que zonas abiertamente originarias, en donde la presencia de los pueblos primeros marca cada camino, bahía, viento o luz, estén salpicadas de una toponimia anglosajona o española o latina.
Recuperar la capacidad de nombrar es paradójicamente la primera cuestión. Pacífica, poética si se quiere –como si la poesía fuera un lujo, algo nimio, un capricho incluso–, nada económica mucho menos partidista, militante o de gobierno.
Nombrar es mucho más básico que lo económico o lo político. Es lo primordial, desde donde podría aparecer la política o la economía o los gobiernos.

Se hizo negra la vida que es clara. Al camino público fueron lanzados los pobladores de Loncomahuida y Chihuayhue. Polma tienta el encostrado de su oreja que rebanaron. La traila de Serapio San Martín –administrador general del ulmén Silva Correa—, consumó el despojo.
(ibid.)

La segunda cuestión es la forma de los parlamentos. No todo pueblo quiere ser nación moderna, mucho menos republicana. Las formas en que parlamenta un pueblo no necesariamente deben ser las del occidente decimonónico, partidos, representantes electos, padrón electoral, urnas. Consejos de ancianos, reuniones de sabios, encuentros territoriales. Capacidad de dotarse de las formas de parlamentar como pueblo que decidan. Latour quiere un parlamento de las cosas. Cuánto más hoy en que el agua, la tierra, hasta el sol han sido despojados de su voz.

Parco de voces, Lemún siente las palabras en intensidad: “Terminamos como inquilinos de la tierra que fuera del indígena”. Neblinoso el vigor, con regusto a guija en los belfos, estertoran de hambre las bestias. Esqueletados, los chiquillos mueren por “el empacho”. Hablante de maldición, el huinca consuela por masacre: “Dios necesita a los angelitos”.

Tercera cuestión, cuáles son y cómo se regulan los comunes. El aire es común …¿los bosques? ¿las aguas? ¿Puede un pueblo decidir cuáles son sus comunes? ¿…y trazar las reglas básicas con que se administran esos comunes?

Sucio mandato, historia sucia, cuento sucio. La justicia y la autoridad son verduguez para el mapuche. Como las grandes lluvias el odio hace oscuro. Acotaron la tierra con alambrados hostiles. Pero no sólo los toros tienen el instinto del estiaje.
(ibid.)

Cuarta cuestión y final, los permisos y los deberes. ¿Quién puede medicar, quién puede navegar una dalca, quién puede usar una corteza como embarcación? Los pueblos deben recuperar no sólo el saber verdadero, sino la potencia epistemológica de quienes reconocen en la vida misma el saber verdadero.

El agua entre carrizos refleja estrellas de centellear furioso. Expulsan un hálito dulzón las melosas, que trastorna la cabeza; otras son las cizañas cuyo picante llega a ser amargo. Andina y oceánica es la noche de la tierra.
Clavas de Cautín, piedras de rayo, Obsidianas de Lonquimay, callas de puntiagudo hueso, oh perdidas pero encontradas herramientas del mapuche, dais un sonido recio y las enterradas flechas se ponen de pie.
Fantasmas de ritos sangrientos, electrizados gritos de guerreros que fieramente acometen. Arauco es un volcán que despierta.

Los pueblos originarios saben mejor que nadie que la tierra está agotada. Que occidente hace más de 500 años en su intento de dominar al planeta, de volver las existencias nobles en recurso, de soñar con acumulaciones sin límites, cacerías sin límites, riquezas sin límites, ha desatado fuerzas de dimensiones colosales y de alcance desconocido.
Es un diálogo de paz al interior del estado nación chileno y de recuperación de un sabio rumbo casi aniquilado.

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mapuche no se traduce con dos sustantivos y dos artículos, simplemente significa terráneos

Los terráneos o terrestriales, somos los que buscamos entender el antropoceno y dignificar la vida en este delirio salpicado de actos como crecimientos, recursos, explotación, ganancias, oportunidades, negocios, win-win.

Dignificar la vida en medio de duelos inexplicables e inentendibles, delirios que matan, delirios que frente a la terca realidad, a la obstinada presencia perturbadora de la tierra, se vuelven hacia tánatos como su única perspectiva.

Pienso en Ignacio Ellacuría, en esta hora.