
Jaspers tras la segunda guerra, busca un sentido común para la humanidad, que entronque con un socialismo digamos beta, es decir no marxista ni moderno, con una gobernanza mundial y con la trascendencia extendida en el pueblo, al modo de creencia.
Aunque en una frase ligera habla de la importancia del aire y el agua, más que de la tierra, para el porvenir, este lector de Nietszche abunda en su oposición al nihilismo y se propone pensar el futuro y también el pasado.
Invito a un relectura del notable texto que es origen y meta de la historia, pues busca afanosamente una comprensión unitaria del cosmos. No es un texto del antropoceno ni mucho menos uno que vuelva a reintegrarnos en una historia biogeológica.
Pero su capacidad para proponernos una lectura unitaria de la historia, los imperios, la técnica, posee sugerencias notables para entender esa unicidad en la marca del antropoceno, el socialismo suave en forma de un ecologismo y el gobierno mundial en forma de un gobierno mundial.
Muchas cosas del presente parecen estar en las antípodas. Señala a Burke, Burckhardt y Nietzsche como predictores visionarios, porque lograron ver en su presente lo que para muchos no era comprensible.
Mientras los pronósticos de nuestra izquierda han fallado, digamos que hay en Jaspers presencias que son aún actuales. Su cierre es actualísimo:
la cuestión para cada cual es dónde quiere estar, para qué quiere actuar.
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