el 22 y 23 de abril de 1993, hacía un par de meses que dejábamos de militar en (o mas bien tratar de dirigir) un pequeño grupo trotskista tras 12 años intensos tratando de hacer mella al horror (dictadura es demasiado decente como nombre) de Pinochet, cuando Derrida daba su charla en Whither marxism en la Universidad California (Riverside) bajo el título de Espectros de Marx.
He tardado 31 años en leerlo y encarnarme con sus palabras. Con su descrédito a la ligereza de Fukuyama -por ese momento fama rabiosa– y desplegando su capacidad de devolvernos a Marx como un problema, un fantasma, un legado en deuda.
En el texto hay algo que ya en ese momento me intrigaba. Enlazar a Shakespeare con Marx. El Viejo Topo y la referencia a Hamlet. Pero Derrida sabe ir más lejos y como un baqueano de las marcas, se desplaza a La ideología alemana, y vuelve a leer a Max Stirner, transformándolo en el doppelganger de Marx. De vuelta a Shakespeare, pero esta vez a esa extraña obra que es Timon de Atenas. Una especie de Lear que tiene por trono la riqueza –son los años de la traducción local de mano de Parra–, que equivoca sus afectos y se ve condenado a la errancia. No hay Cordelia para Timón, pero tiene la figura más bien cínica de Apemanto, que sabe conducirse rectamente desde el principio, mientras Timón derrocha y equivoca. El final de Timón es nihilista y no Alcibíades ni Apemanto pueden evitar que se transforme en el último hombre.
El texto de Derrida, viene subtitulado: el estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional,. La deuda –son años de No Pagar la Deuda externa– alude a lo que debemos a Marx, en ese 1993 en que el socialismo se ha vuelto otra ruina industrial. El trabajo del Duelo, es un ejercicio con lo vivo de la muerte. La nueva internacional –mas allá del trotskismo y los situacionistas– es un desafío:
Lo que se denomina, aquí, con el nombre de nueva Internacional es lo que llama a la amistad de una alianza sin institución entre aquellos que, aunque en lo sucesivo, ya no crean, o aunque hayan creído nunca en la Internacional socialista-marxista, en la dictadura del proletariado, en el papel mesiánico-escatológico de la unión universal de los proletarios de todos los países, continúan inspirándose en uno, al menos, de los espíritus de Marx- o del marxismo (saben, de aquí en adelante, que hay más de uno) y para aliarse; de un modo nuevo, concreto, real, aunque esta alianza no revista ya la forma del partido o de la internacional obrera, sino la de una especie de contra-conjuración, en la crítica (teórica y práctica) del estado del derecho internacional, de los conceptos de Estado y de nación, etc: para renovar esta crítica y sobre todo, para radicalizarla.
La imagen fantasmal que preocupa a Derrida nos devuelve una inquietud intelectual permanente y fuerte de Marx, según leemos. El siglo XIX, en que la electricidad parecía acompañar o al menos no ser contrapuesto al carbón, es un siglo de fantasmas y apariciones. El espiritismo, los espíritus, los fantasmas.
Pero también Derrida se las ingenia para hacer el balance de los marxismos y de buscar alguno de los fantasmas de Marx que no acaban de morir. Derrida vivió el stalinismo de los 50 en la Escuela Normal de la calle Ulm. Althusser no sólo fue su <<caimán>>, sino un profesor que lo protegió y promovió. Derrida lo acompañó paciente y silencioso, tras el femicidio cometido por Louis.
Pero su experiencia del stalinismo fue también una prisión en Checoslovaquia, el asesinato de Jean Patocka por torturas y por supuesto la caída estrepitosa de los socialismos reales.
Derrida actualiza los problemas del presente. Los ordena y deja caer la palabra capitalismo. Dice capitalismos y luego incluso abandona el sustantivo y propone capitalizaciones. Señala diez plagas:
- el paro
- la exclusión
- la guerra economica
- la incapacidad para dominar las contradicciones del mercado liberal
- la deuda externa
- la industria de armamentos
- el armamento atómico
- las guerras interétnicas (¿hubo alguna vez otras?)
- la mafia y el consorcio de las drogas
- el derecho internacional
En esta lista, su aseveración de que todas las guerras no son más que guerras intertribales, me parece de una lucidez total. Los que hablan de guerra fría, sabemos ya desde que etnia nos hablan.
Derrida como si fuera un André Günder Frank o un Imanuelle Wallerstein, resumen en diez características económico políticas el presente. Señala la crisis partidaria y de los estados, los problemas del trabajo a partir del tele trabajo y la virtualidad, señalando que el lenguaje ya es un tele-técnica. Pone el acento en las agresiones contra las especies no humanas.
(Y, provisionalmente pero a disgusto, tendremos que dejar aquí de lado la cuestión, sin embargo indisociable, de lo que está sucediendo con la vida llamada <<animal>>, la vida y la existencia de los <<animales>> en esta historia. Esta cuestión ha sido siempre seria, pero se volverá masivamente ineluctable.)
Los afanosos del capitaloceno me parece que vuelven la espalda a un Marx espectral y lo mantienen embalsamados en un kremlin textual.
Crutzen y Stoermer ese febrero del 2000, fueron más receptivos del fantasma. Más derridianos también querría decir. Es el tipo de crítica renovada y radicalizada que también proponía a esta nueva internacional. Una geocrítica diría.
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