Chile, país container: ¿ Constitución Container?

Quizás La Moneda reconstruida no sea mas que una serie de containers alineados. Desde ese entonces no somos más que una faena, un precario campamento erguido en medio de un mundo acosado por nuestra voluntad de nada.

La soluciones containers tienen la marca de lo estandarizado, de lo deslocalizado, de lo inmediato eterno. No poseen la precariedad del ukurj, ni apuestan por un nomadismo irregular. Pretenden ser soluciones ágiles y sencillas, pese a que tienen la gravedad de los objetos rectangulares, la ortogonalidad implacable de lo estable y angustiosamente definitivo.

Las ideas container navegan veloces y se instalan rápidamente. El sentido común es una plaza de containers. Las frases de los medios son acopios de containers intelectuales. Las universidades, costaneras abarrotadas de lógicas containers. Quizás muy pronto el cráneo mute para volverse paralelepído y almacenar el millón de containers que se requiere para ser reconocido como ciudadano decente.

La tensión de la nueva constitución es entre container o ukurj. Faena o nomadismo. Rugoso o liso. Autocad o boceto.

Esta vez sí estamos ante una disyuntiva.

¿ADN o flujos? una constitución escrita en movimiento

En abril 25, 1953 la publicación de MOLECULAR STRUCTURE OF NUCLEIC ACIDS en Nature, generó una línea biológica con énfasis en las estructuras. La cibernética ( y su correlato fisiopatológico, la endocrinología) fue opacada y transformada en informática (aseptizada), por esta idea de un centro con un código programado que luego se ejecuta.

También el pensamiento sociológico e histórico se vio copado por las estructuras: del totemismo, de las revoluciones científicas, de los tiempos lentos.

Lo fluido, lo entrelazado,lo indeterminado fue relegado a anécdota.

De pronto, los flujos volvieron de la mano de la geología, que devolvió a la vida su movimiento incesante, sus exploraciones sin límites, su estética generosa, su multiplicidad enredante. La existencia era otra cosa que ADN, las identidades estaban en movimiento, había lugar para el asombro y el placer. Pero también, nos volvimos frágiles, susceptibles de ser intoxicados, transformados, extinguidos.

La constitución que chile empieza a debatir de lleno no puede ser una constitución ADN, una estructura que se ejecuta. Necesitamos una constitución flujo, que permita que la vida la sobrepase y la recomponga, una constitución en movimiento, cargada de valores terrestres, austera, pero bella, vegetariana, nómada, pobre en grasas, rica en oligoelementos, lectora, caminante, escritora, femenina, estrogénica, abierta a la noche, solar, fotosintética, oxigenante.

alstroemerias: salvajismo prudente

primavera silenciosa querida rachel, en medio de cuarentenas desquiciadas y patrullajes militares, jóvenes nocturnos apresados como lemures por las fuerzas del orden en medio del antropoceno, la voz de las alstroemerias hablan con pétalos temblorosos.

Guardó por años en el subsuelo las pintas jaspeadas y antidictatoriales de sus flores, elevó al sol sus estambres, convocando a los abejorros y picaflores, diciendonos rachel, diciéndome, que toda primavera tiene un portavoz hermoso como tú, dulce compañera de los bichitos de la rompiente, de las islas y volcanes.

Humboldt, Oyarzún, Elizalde me susurran tu nombre rachel, tu infatigable esperanza, tu primavera.

zonas críticas de nuestra sensibilidad

Debo a Manuel la sensibilidad, la camaradería y la insistencia en bajar a explorar esta selva valdiviana ubicada en plena quebrada de San Agustín.

Luego a Olivia y Fabiana, pequeñas exploradoras estremecidas por las quilas, pajaritos y colliguayes tan a la mano, tan vivientes.

El viernes llegamos al agua tras 3 jornadas de avance metro a metro. En pleno siglo XXI, con un un planeta diezmado, la quebrada nos miraba como un principito caído en el desierto.

Estamos dentro de las ecologías y aunque la nación arde tensionada no mirando sus quilas, sus churretes, sus aguas, son las ecologías las que ordenan nuestros desafíos, nuestras alegrías y nuestras esperanzas.

Cuando la respuesta se vuelva causa

Una ecología de este brote no puede pretender identificar un agente causal conductor de su dinámica. Debería buscar una trama de interacciones que se acoplan, obstruyen y en su juego común, producen el efecto pandemia.

Para muchos pensadores del antropoceno y con mayor intensidad aún, para los investigadores del capitaloceno, la pandemia es una confirmación y ejemplificación de la tesis de la perturbación máxima antropogénica sobre el sistema tierra. Es la visión por ej de Bob Wallace.

Sin embargo, el rol humano en la pandemia no puede ser cargado a la acción antropocénica o capitalocénica sobre los ciclos, la biodiversidad o el calentamiento global (efecto del trastorno humano del ciclo de carbono). La magnitud de la crisis pandemia no reside en que sea un agravamiento de la catástrofe del sistema tierra, sino más bien en el tipo de abordaje con que los humanos la hemos intentado controlar. Una respuesta alarmista y basada en el miedo, con severas restricciones al desplazamiento, a las posibilidades de reunión y al ejercicio de libertades y con un uso masivo de mascarillas, guantes, ropa desechable de plástico y todo tipo de desinfectantes. Una respuesta por supuesto claramente antropocénica, reductora de biodiversidad, generadora de residuos, tóxica, que se vuelve causa.

Respuestas que reflejan el grave y profundo agotamiento intelectual de occidente, que no puede abordar con serenidad un problema, sin trasgredir sus más queridas promesas: la libertad de los modernos, la democracia de los modernos, el saber de los modernos, la separación de los poderes de los modernos, la policía de los modernos.

La crisis podría ser más que causal, performativa. Por sobre todo, el miedo a la muerte, como el gran secreto de la modernidad, desplegado en forma masiva. Una respuesta que se apodera del curso de la pandemia,

Echo de menos que los estudios STS releven esta dimensión, la capacidad de mirar la crisis del COVID 19 no como la confirmación de que el planeta está perturbado gravemente, sino de que las categorías intelectuales de occidente y las instituciones en que esas categorías viven, digamos los ecosistemas organizacionales que animan el ecosistema de ideas modernas, no andan: gobiernos, estados, sistema de organizaciones internacionales, universidades, medios de comunicación.

Echo de menos los análisis STS porque han sido la fuente de modos de pensar nuevos desde los 70. Son los investigadores que han sabido tomar distancia y examinar con ojo inquieto (“pupila insomne”) nuestros modos de pensar colectivamente, investigar la vida colectiva.

Hoy ese modo de pensar se revela gravemente errado. Sus respuestas no pueden dejar de producir más dolor o más sufrimiento o más daño.

Las ideas como parte de los ecosistemas, las ideas como generadores de interacciones y productoras de efectos.

Así como la tormenta de citoquinas es mas bien la respuesta exagerada de un ecosistema organismo crónicamente inflamado, las crisis políticas y económicas de occidente, así como el sufrimiento masivo, son parte de una respuesta errada.

Se cerrará la pandemia y el sistema tierra quedará aún más dañado. La crisis económica, si bien ha reducido los consumos, es administrada por los gobiernos en la dirección de lo más económico. Eso sabemos sólo significa externalidades que no se consideran. Externalidades que hoy por hoy pagamos de un modo existencial quienes vivimos en zonas sucias, contaminadas, erosionadas, en desertificación, químicamente impregnadas, arrasadas por el cemento, el petróleo, el ruido.

Un libro frustro de la COP25

A mediados del año pasado cerré un texto de 25 historias breves alrededor del carbón para el debate COP25. Los editores me dijeron que no iba en su línea editorial y la realidad se llevó la COP25 a España.

Dejo aquí el texto como estaba en su versión de julio 2019, sometido a la crítica roedora de los navegadores: Humos/Humus: La vuelta al COP (en) 25 historias.

Camus: tuberculosis y peste bubónica

Camus vivió con su tuberculosis a cuesta. Fue un hombre pre y post tratamiento antibiótico, lo que hizo de él un paciente quirúrgico primero y médico después. En La Peste, cuidadosamente Camus distingue la tuberculosis de la mujer de Rieux, que se aleja de Orán muy al inicio en tren, del brote epidémico.

Ambos procesos generan -como hemos vivido en estos días- dinámicas muy distintas. Los pacientes de tuberculosis son recluidos, intervenidos, tratados. La dinámica de la peste, enfermedad del mismo modo trasmisible, es sin embargo el campo de una intervención política mayor, sobre los colectivos reducidos a población, es decir intervenidos como si fueran tan sólo una aglomeración de individuos compactos y monádicos, manejados a través de parámetros como presión , temperatura y volumen.

Si bien el aleteo de una mariposa en el Amazonas puede desencadenar un monzón en la India, no parece igualmente plausible que el aleteo de un humano pueda controlar un brote epidémico. Si bien todo tiene que ver con todo, los procesos epidémicos parecen tener una conducta resonante, un patrón acoplatorio que crece y luego decrece, que muestra una cierta independencia, un curso propio, como una tormenta solar, una erupción volcánica, la explosión de una nova.

Ese espacio que deja la indigencia humana al desnudo, es copado por la inutilidad de las máquinas institucionales. Evacuar Chaitén por ejemplo, no puso ni quitó nada al curso del volcán.

Entre la tuberculosis que camina a paso ligero — de paloma– y la yersinia que se desparrama como una oleada, Camus reconoce una diferencia. Frente al volcán, a la peste, despliega todo su aparato existencial, la reafirmación de valores solidarios en el sin sentido.

El brote COVID ha separado a los salubristas entre apocalípticos e integrados (tuberintegrados vs buboapocalípticos). La enseñanza de Camus va por un deber ser reflexivo frente al colectivo que nos lleva en otra dirección.

Una última cuestión. Foucault decía que Marx respiraba en el aire intelectual del siglo XIX como un pez en el agua. Fuera de ella se asfixiaba. Marx es hijo del carbón, del vapor, del telar movido por la energía fósil, de la economía política y de las ciencias del siglo XIX.

Me pregunto cuál es el agua en que respira Focault y fuera de la cual podría asfixiarse. Es cierto que he reconocido su carácter de anfibio, con un pedazo del cuerpo en el siglo XX y otro en el XXI. Pero también creo que el pensamiento de Foucault tiene la marca de algo que hasta ahora no se distinguir.

No es ocioso preguntárselo porque aunque ya salimos del brote agudo y las fuerzas eruptivas hace más de un mes ya están en regresión, seguimos pensando en términos carbónicos o a lo más, aéreos. Y no somos capaces de distinguir la silueta de lo que ocurre, sino como tuberintegrados o buboapocalípticos.

Si tuviera que decir cuál es el agua en que vive el pez Foucault diría que es el tape. Las grabaciones en cassette de sus cursos del College de Francia, las imágenes en video tape de sus entrevistas, los registros de conversaciones periodísticas y su figura circulando viviente y oral, en la reproducibilidad electrónica de las memorias  binarias electromagnéticas.
El plástico bañado en tinturas ferromagnéticas, el plástico de sus pullovers de cuello alto, de los autos y aviones en que se desplazaba ágil como un Rimbaud del siglo XX, la caparazón plática de los teléfonos y marcos de sus lentes, las cintas para pegotear textos con textos, fotocopiar libros imposibles, el plástico de la desechabilidad de la medicina VIH, de los kit y sachet. La cinta que enrollada y desenrollada se vuelve ovillo imposible, rizoma no trazable, que desbarata cualquier taxonomía sencilla.
Carbón es a  Marx como tape a Foucault.

Entre la peste y el we tripantu

En medio de la peste , Katta me envía fotos de los peaks de SO2 en Ventanas, de la bahía sucia por hidrocarburos. En medio de la peste leo a Céline, a London, a Ruesch, para terminar leyendo 2666.

En medio de la peste examino los números a diario, a cada hora, a cada cuarto de hora, veo las cifras subiendo, las presiones de oxígenos, las positive espiratory end pressure de algún colega o colega, dibujo las cifras ascendentes de muertos, de casos, las tasas a la espera de las meseta, calculo el tamaño de muestra para una proporción de 5% en mi comuna:

no existe la cifra correcta, sólo los nazis creían en la cifra correcta y los profesores de matemática elemental. Sólo los sectarios, los locos de las pirámides, los recaudadores de impuestos (Dios acabe con ellos) , los numerólogos que leían el destino por cuatro perras creían en la cifra correcta. Los científicos, por el contrario, sabían que toda cifra es sólo aproximativa. Los grandes fisicos, los grandes matemáticos, los grandes químicos y los editores sabían que uno siempre transita por la oscuridad [p. 1031]

¿Quién tiene el manual de instrucciones del virus en terreno? ¿Quién sabe si se ha ensamblado en los mercados húmedos o en los laboratorios de vacunas? Descreer a Montagnier sería confiar en que el SIDA no existe. ¿Cómo conocer al genio de la enfermedad? Por ahora me parece introvertido, minúsculo, sutil, galán. Vive del hacinamiento y del miedo, le encanta el turismo exótico, la biología molecular es su pasión, las unidades de cuidados intesivos, las grandes ciudades. Aunque el principio parecía elitista, ahora se ve que no mira ingresos ni estratos. Le gustan las manos, su pasión son las manos que escarban narices. Parece un buen alumno de la Dra Kirschbaum. No las lenguas, ni los besos como a Epstein-Barr, ni las pasiones extremas como al VIH.

Pero le interesa la política y la economía. Nunca supe de un virus más preocupado por ir a las bolsas, a los mercados, a los ministerios, a los parlamentos. En su afán de estar presente allí, en esos lugares de grandes decisiones, ha perturbado todo, ha empequeñecido todo, ha desarmado todo.

Y sin el embargo el sol, el único ser realmente coronado, no ha sido perturbado. No diré que el sólo sigue su camino, sino que su serenidad sigue acariciando a la tierra con parsimonia, con sabiduría, pasando sus rayos por nuestras partes íntimas con suavidad, dejándonos descansar en su tibieza.

Bastaría una tempestad del viento solar para definitivamente colapsarlo todo, algo que nos recuerde que vivimos en la atmósfera no de la tierra sino del sol. La peste es una pequeña alusión casi poética a esa verdad fuerte, en la que vivimos, aunque no parecemos vivir.

Veo los brotes de las plantas como si el we tripantu se hubiera adelantado un mes. Es posible. El otoño, la noche del año, nos lo pasamos insomnes.

Por eso we tripantu apura su paso con luz intensa y ese color matutino de rosáceos dedos que evocaba el poeta. Se arreciman las hojas para emprender una nueva marcha.

Es cierto que las ideas siguen siendo las mismas peroratas de occidente. Que las Universidades siguen silenciosas bajo la nube gris en que el pensamiento se desprecia.

Pero la vida palpita en este nacimiento de mayo. Las montañas me miran y acumulan hojas de robles y digueñes en sus ramas casi secas. Las alstroemerias hinchan sus bulbos para empezar a brotar.

Porqué no las ideas tal vez hagan lo mismo, si al fin y al cabo los cerebros son sólo una tierra más, una piedra extraña, pero piedra al fin. Y las ideas que circulan al viento pueden arborizar aún en las más pétreas sinapsis.

Pachallampe, la siembra de la papa

En el alejado pueblo de Putre, a 3.500 metros sobre el nivel del mar, cada año, el primer o segundo sábado de noviembre, se celebra la festividad del Pachallampe y la comunidad se reúne en un trabajo colectivo para la siembra de la papa. La celebración comienza en la víspera, con la elaboración de los pillos coronas de flores que adornarán los sombreros de cantores y danzantes y, como es costumbre aymara, se realiza una ceremonia sahumando, pigchando la hoja de coca y challando con vino.

Durante toda la festividad, junto al acordeón y dos guitarras se cantan versos que se repiten una y otra vez con una melodía de igual ritmo, que refieren a un amor poco correspondido “amorosa palomitai, amorosa palomitai, dónde estás que no apareces? donde estás que no apareces?… por qué no has venido a verme? por qué no has venido a verme?, como lo has hecho otras veces, como lo has hecho otras veces… si quiera por un ratito, si quiera por un ratito, roba mi corazoncito, roba mi corazoncito… flor de papa flor de papa, flor de papa flor de papa, esta noche no te escapas, esta noche no te escapas, flor de tumbo flor de tumbo, flor de tumbo flor de tumbo, esta noche yo te tumbo, esta noche yo te tumbo…” 

El sábado al mediodía, pasantes y mayordomos reciben a la comunidad con un almuerzo y luego se van bailando por el pueblo hasta llegar al camino hacia el campo donde se sembrarán las papas. En el terreno, nuevamente la ceremonia para que sea en buena hora, que sea una buena siembra. Las semillas provienen de pasantes de los años anteriores y del mayordomo mayor, cargo asociado a la iglesia católica. El sincretismo está siempre presente en las fiestas aymara y nos acompaña San Isidro Labrador que es el santo invitado del Pachallampe.

Siempre al ritmo de la música comienza la siembre, el hombre con la chonta abre la tierra y la mujer coloca la papa que saca de un aguayo amarrado a su cintura, que contiene las semillas.

Este sábado, dos jóvenes familias putreñas asumieron la tradición del Pachallampe, resistiendo al exterminio de su cultura atacada por la vida moderna, la migración a las ciudades, la discriminación, la desigualdad. 

Parece un sueño mágico y poderoso, en medio de la pesadilla que hoy se vive en Chile con la brutalidad policial en las calles disparando contra el pueblo, bajo las órdenes de un gobernante terco y asesino. Sin embargo no es un sueño, es real y puede ser la luz del camino que hemos olvidado, el supuesto desarrollo que nos vendieron no existe, debemos volver al origen, a la tierra, aprender de nuevo a sembrar la papa.

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