Constitución II: el nuevo régimen climático

Debemos a Wittfogel una reflexión sobre política y agua. Este poco conocido frankfurtiano entendió que la gestión del agua era el corazón de la actividad de los estados asiáticos.

El destello de su pensamiento pasó y sólo los historiadores de la Escuela de los Anales y el auge de la historia ambiental a partir de los 60, ha insistido en la idea de que manchas solares, oscilaciones del ENSO o los mismos ciclos de Milankovich son causa de nuestras mayores crisis políticas. Hemos empezado a mirar las oscilaciones del clima con otros ojos. Las grandes era de la tierra bola de nieve o de la tierra verde y los cortos tiempos del younger dries, el óptimo climático romano, la pequeña edad de hielo medieval o el dust bowl, nos han alertado de que lluvias, vientos, hielos o calores deben ser reconsiderados como agentes políticos primordiales.

Hablamos de nuevo régimen climático para designar el desafío político por considerar las transformaciones planetarias, que colisionan con las nociones de la modernidad que restringían/limitaban la agencia política sólo a los hombres (excluyendo mujeres, esclavos, pobres, indios, etc.). Los agentes planetarios han entrado al galope en el mundo político, poniendo en evidencia que debemos ampliar la agencia no sólo a la humanidad en pleno, sino que además a los no humanos, animales, vegetales, fungis, virus (Virus, como no!!) y agentes como el agua, el viento, la lluvia. 

El régimen climático de la modernidad nació de la crisis del régimen climático del Arca. El antiguo testamento introdujo  el clima en el gobierno de los hombres a través de la imagen vertical monoteísta de la alianza y el arca. Como un episodio arquetípico la inundación dió paso a un régimen contractual exclusivo entre humanos y Dios que garantizaba “sementera y siega”. Ciudades y monasterios eran pequeñas arcas que ejercían la alianza bíblica y aseguraban la sobrevida en medio de las oscilaciones climáticas.

El régimen climático moderno, nacido de la pobreza y miseria generada por la pequeña edad de hielo medieval, agravada por el mínimo de Maunder, es una ruptura forzada de esa alianza vertical por la vía de los hechos, por el agotamiento material y el fracaso en garantizar sementera y siega . La modernidad propone un pacto horizontal, sólo entre hombres. De ahí las constituyentes y las constituciones. Pero su trasfondo nunca dejó de ser climático, pues guerras y hambrunas seguían las oscilaciones del agua y la expansión hacia carbón y petróleo.

La modernidad trasladó la teología al nuevo ámbito de la economía y la producción. No sólo a través de la mano invisible o el desarrollo infinito, sino además trazando a la economía como el escenario en que el clima podía aparecer, aunque travestido de agente económico: ciclos de precios, ondas largas, tendencias seculares. La economía permitió una apariencia a la tierra y sus agentes, un pasaporte y figura de aparición en la escena política.

Las perturbaciones planetarias del Antropoceno llaman a un nuevo régimen climático. El estoicismo es un buen guía ético para un momento en que consumo, crecimiento y libertad moderna han topado con límites. Ciencias y artes nos pueden ayudar a dar voz a esos agentes terribles y silenciosos. De eso trata la instauración del nuevo régimen climático.

Nuestra convención constituyente pecó de soberbia e inocencia (si es que eso no es una misma y sola cosa), porque no contamos con ideas capaces de generar ese nuevo régimen climático.

Por ahora escuchamos una larga perorata de explicaciones. No solo el cine y el teatro chileno son excesivamente parlanchines. También la política exagera en la extensión de sus textos. Bien harían los convencionales en guardar silencio como Carlos Altamirano.

Intelectualmente no estamos preparados más que para restaurar la constitución del 25. Lamentablemente no tenemos el soporte intelectual para producir hoy una constitución para el nuevo régimen climático. Aunque es la tarea primordial, tomará más tiempo que el que los actores políticos modernos consideran en su quehacer.

Constitución I: el problema

El régimen postdictatorial chileno vive en la cabeza de la gente común. Más allá de los vientos de moda, las condiciones materiales que dan soporte a este inmovilismo están basadas en automóvil y consumo de masas. Se trata de un remedo colonial de la ecología del petróleo de USA de los años 50: energía, carreteras, plástico, petroquímica. Al modo chileno: sin autonomía productiva y pagado con las rentas del extractivismo minero y agro exportador. Un intercambio desigual de territorios intoxicados a cambio de importaciones de autos, petróleo y objetos de consumo. Objetos fantasmales que devendrán a la brevedad en basuras persistentes.

Que los saberes de los pueblos originarios, los valores de las luchas feministas y una perspectiva ecológica sean ideas políticas masivas, por ahora no es más que un desafío. Las condiciones de vida diaria muestran que  hoy su peso es minoritario, adornos que pueden incluso alhajar los hogares como souvenirs excéntricos, flotando en medio de una vida basada en petróleo y american way of life. 

El debate convencional no pecó de posmodernismo o nivel académico. Sus limitaciones fueron la amalgama de una perspectiva de decrecimiento/ecologismo/feminismo/valores originarios con las ideas modernizadoras, desarrollistas y economizantes de los Atria o Bassa o Squella. Establecer una distinción entre ambas perspectivas fue parte del déficit político del movimiento ecologista y sus aliados.

Como señala Renato Cristi en su columna del 9 de septiembre en El Mostrador, hay que encarnar en la vida los valores antes de formalizarlos en una constitución. O dicho de otro modo, la nueva constitución no cumplió las condiciones de felicidad de una sentencia performativa. Tras años de repetir que las palabras construyen realidad, la realidad ha hecho astillas las palabras. La performatividad no  permite cualquier cosa. Hay un conjunto de condiciones materiales de las cuales depende que la sentencia funcione. En este caso es obvio que las palabras no bastaron.

Pero hay un par de nociones cuyo uso quedó hecho trizas por la realidad a) Naturaleza: que no es la forma más adecuada de apuntar a aquello que debemos defender y b) Capitalismo, que tampoco es un buen indexador de lo que debemos menguar. Ambas nociones desde veredas opuestas, hacen de los humanos una excepción de la realidad. 

Naturaleza resulta ser un allá, lo otro de lo humano: se llame cultura, social o sociedad. Una vez que el mundo se ha partido en dos, tenemos que hacer un artificioso esfuerzo por lograr una conexión por distintas vías: derechos, SEIA, normas de calidad ambiental. Además la naturaleza es algo que aparenta estar fuera de política, aunque ya el reconocimiento de su existencia sea un eje clave de la política de la modernidad.

Capitalismo es un acá, propio de los humanos. Capitalismo como un isómero especular de Naturaleza, también es algo despolitizado,con existencia independiente, económica o productiva. Capitalismo no es un asunto que pueda ser transformado en la arena política. Es un objeto distante, autoorganizado bajo leyes propias  (valor, fetichismo de la mercancía, tasa de ganancia o mercados, demanda, precios) del mismo modo como se organizan las órbitas de las lunas de Marte o las nubes de gases en el centro de la galaxia.

Defender la naturaleza a través del otorgamiento de derechos se vuelve creíble si la naturaleza es un algo independiente y autónomo. En la medida en que reconocemos su carácter construido y la operación política de enmascaramiento que la anima, el centro de una política adecuada al Antropoceno se desplaza a las luchas geosociales. 

No es entonces sorprendente que un equipo de convencionales con estas ideas en la cabeza, terminaran en la amalgama y confusión, bloqueando la aparición de una voz alternativa. En la medida en que seguimos usando esas nociones, seguimos impidiendo constituir una asociación política  para disputar la hegemonía acerca del tipo de vida que viviremos y del planeta en el cual existiremos. 

Las fuerzas ecologistas/originarias/feministas de la convención dejaron de lado ambas cuestiones: a) disputar el liderazgo con ideas realmente alternativas y b) articular una voz política organizada.

Uno de los aspectos más complejos del problema es que el ecologismo trae malas noticias para las masas postdictatoriales: hay que reducir el consumo, abandonar el auto, bajar de peso, caminar más. No es posible seguir viviendo como hemos vivido, una vez que el boom petrolero se ha agotado. Para un país importador no sólo es caro, sino francamente inaccesible sostenerlo, incluso a costa de las masacres de la biodiversidad en las que vivimos en Quillagua,  Ventanas, Dominga, Catemu, Petorca, Lota, Isla Riesco o Surire.

Ahora que el gobierno ha girado hacia las fuerzas extractivistas, arrastrando a un frágil FA, sin posibilidades de volverse  movimiento organizado, es urgente buscar formas de convergencia para organizar un movimiento ecologista que se sitúe no más a la izquierda del FA, sino en una condición propia, que sea capaz de reconfigurar el espacio político. Es imperativo que el movimiento ecologista gravite con la suficiente autonomía como para recomponer el eje derecha/izquierda, produciendo una distribución alterna a  los ejes conceptuales de la modernidad. Una en la que podamos situarnos como terráneos versus extractivistas.

Sin historia, desarrollo ni economía: los condenados de occidente

Un intelectual asesor de gobiernos de izquierda, para sostener su llamado al rechazo,  ha dicho que algunos grupos originarios son como estrellas extintas. Que sociología más admirable, aquella que explica la vida colectiva mediante la aplicación de leyes de unas ciencias físico químicas decimonónicas!!!!. No es extraño que en los 70 chilenos fuera un boom un libro que hacía una biología basada en las máquinas recursivas.

No se trata de una naturalización, porque no hay naturaleza. Ni de normalizar, porque no hay normalidad. Ambas son hijas de la misma modernidad que mediante la violencia buscó suprimir a esos pueblos originarios. La explicación de su reducción abrumadora por leyes biológicas o físicas oculta la guerra librada por occidente. Y lo que es más grave, sigue ocultando las formas de guerra actuales como la protección de infraestructura crítica mediante fuerzas militares.

La lucha que libró occidente contra los pueblos originarios se alimentó del testimonio radical contra las tres ideas con que la civilización ha destruido el planeta: economía, desarrollo e historia.

SIN HISTORIA

Marx y Engels hablaban de los pueblos sin historia, condenados a desaparecer, inviables. Para ellos la historia era historia de la lucha de clases. Los pueblos que no podían demostrar una historicidad con esos requisitos solo podían extinguirse sin dejar rastro o traza.La ironía es que mientras los profetas de la extinción han sido arrollados ellos mismos por su déficit de historicidad, los pueblos condenados gozan de buena vida.

En los censos del siglo XX y XXI cada vez son más los pueblos que se reconocen como indígenas y grupos desaparecidos se revelan activos y existentes. Los changos por ejemplo.

SIN DESARROLLO

La historia animada por ese motor singular llamado desarrollo, a la vez permitió unificar las historicidades bajo un misma rasante, dio pábulo a la condena de aquellos que no cumplían con los pre requisitos del desarrollo. 

Alfabetización, urbanización, sanitización, militarización, productivismo, consumo. Por un lado, acero, electricidad, vapor, petróleo. Por el otro, basuras y productos persistentes, destrucción de ecosistemas, extinciones, desertificación y recursividades alarmantes, como resistencia antibiótica o calentamiento global.

SIN ECONOMIA

Pueblos que viven aún sin Banco Central ni cuentas nacionales. Que no entrenan a sus dirigentes en las leyes del mercado ni destinan buena parte de su vida e instituciones a transformar en economía las formas de vida colectiva.Pueblos condenados por vivir fuera de la economía, sin regímenes impositivos, ni regulaciones contractuales. 

La economía es la base del régimen del abordaje de la crisis ambiental. ¿cómo resolver un problema usando la forma de pensar que lo causó? Toda la regulación organizada de las materias ambientales está encastrada en la economía. Sin cuestionar su pretendido orden, ¿cómo encontrar soluciones reales?

Los planes de descontaminación en Chile tienen una historia de 30 años. Tras ese tiempo, la mayoría de los chilenos viven en ciudades saturadas de MP 2.5. Los descensos de las concentraciones de ese material logrados en esos treinta años o son mínimos o no existen. Lejos en todo caso de normas internacionales. Solo en materia de calidad del aire, no se ha avanzado un ápice en problemas relevantes como COV o arsénico. 

La guerra y la paz de la nueva constitución

La publicidad de la constitución ofrece la paz. Habría que recordar que el problema de las constituciones, el hecho mismo de necesitar una constitución, nace en Chile como efecto de las guerras napoleónicas. Rápidamente las constituciones asumen una impronta guerrera local: la de 1833 sin duda. Y la de 1925, guerra soterrada contra la cuestión social. Para qué revolver las heridas de la guerra que en 1980 daría origen a la actual. 

La constitución en trámite nace también impregnada de formas guerreras: nacida para recuperar una protesta política, plebiscitada con toque de queda y desarrollada con restricciones a la movilidad y a las reuniones. 

La constitución ofertada me parece ser la misma vieja constitución del 80 con toques de ecología, derechos individuales y una profusión declarativa de protecciones. El tono predominante sigue siendo el de una economía comandando todo. El antropoceno brutal de occidente.

Votaré apruebo sabiendo que la nueva constitución está atravesada por esta tensión insoslayable y enorme, que la guerra es parte de su ser y que no nos aliviará de problemas. Votaré apruebo porque hace años que desperté de la ilusión de que con un lápiz se puede derrotar a la guerra.

El eeg del SEIA está plano

Ayer pude asistir a la sesión del Departamento de DDHH, Medio Ambiente y Biodiversidad del Colegio Médico V Región Taller de Herramientas para Monitoreo Calidad del Aire. Contexto del PPDA, Concón, Quintero y Puchuncaví. A cargo de los expositores Salvador Donghi, Biólogo y Natalia Ramos, Abogada.

Una iniciativa importante del Colegio Médico en este despercudirse de la pasividad postpandemia, poscambio de gobierno y post texto definitivo de la constitución.

En el transcurso de la mañana dedicada a seguir el famoso plan en sus vicisitudes legales hasta llegar a la famosa norma de COVs limitada a Benceno, uno llega a la conclusión de estar tragando una trama enredada, lenta, tramposa, pero sobre todo inútil y carente de sentido.

Partamos por el final. La destrucción del ecosistema marino y bosque esclerófilo de Ventanas y su sustitución por un ecosistema industrial, ha ocurrido con una brutalidad extraordinaria. Los episodios de intoxicaciones agudas de niños y adolescentes desde hace años -este año ya han ocurrido dos episodios no aclarados- son la expresión más extrema de que el SEIA no sirve.

Leyendo hoy La Sobrevivencia de Chile de Rafael Elizalde, el gran visionario del Antropoceno Chileno, siento sus ideas girar en torno al conservacionismo y a la contaminación. Marca 1942 como la primera presencia de un interés por la conservación en Chile. Más adelante reconoce en Federic Albert el primer conservacionista y destaca su llegada en 1900. El otro componente de su pensamiento, la contaminación, a lo largo de sus líneas parece tener una fuerte impronta del libro de Rachel Carlson.

Es posible ordenar los ecologismos chilenos en una secuencia: ecologismo salvaje mítico de los pueblos originarios, ecologismo religioso de los curas (Ovalle, Molina), ecologismo poético (David Perry, Pablo Neruda, Juvencio Valle, Francisco Coloane, Luis Oyarzún y claro, el más ortodoxo Nicanor Parra) . La industrialización ISI activó el conservacionismo y la preocupación por la contaminación.

La Ley 19300 sobre Bases Generales del Medio Ambiente en 1994 surge en ese mismo ambiente intelectual, aunque 30 años más tarde. La oscura labor en el campo de las ideas y las personas anti ecológica de la dictadura tuvo frutos en el aplanamiento de la capacidad de pensar el Antropoceno. La desaparición de la masa crítica ecologista de los años 60: de Cristi, Muñoz, Elizalde, Hurtubia tuvo un tremendo impacto.

El pronóstico de Elizalde se cumplió y Chile fue agotado, pero los intelectuales de la Concertación trabajaron como si aun estuviéramos en el Chile de los 50. Desarrollaron una política medio ambiental propia del Chile ISI, cuando el tema principal era contaminación y creyeron en la posibilidad de hacer una gestión semi ingenieril de la misma.

A casi 30 años, no se si alguien puede argumentar algun beneficio de esta Ley. Sólo ha ayudado a llenar de papeles y burocracia y acelerar la caída libre de Chile en el Antropoceno. Entre sus méritos: destrucción de los lagos y mares con la salmonicultura, destrucción de los Vilos por Pelambres, pre emergencias sistemáticas en Santiago, más de la mitad de la población chilena viviendo en ciudades saturadas por PM10, el mar devastado de vida, megasequía. Por supuesto, el SEIA no dio ninguna luz sobre Antropoceno.

Porque la nueva época geológica no es un asunto puramente químico, de concentraciones posibles, del derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación expresado como lo que la norma permite. Antropoceno es el tiempo descoyuntado, el despliegue de las recursividades planetarias, el trastorno de los ciclos de carbón, nitrógeno, fósfaro, agua. La perturbación de las oscilaciones geo-biológicas, la generación contra la economía, la urgencia de constituirse en clase ecológica. Porque la tierra, ese biofilm casi milimétrico en que vivimos, no es modelable linealmente ni como sumatoria de variables. El modelo SEIA ya no va más, porque los supuestos sobre los cuales fue construido han sido sobrepasados.

El abordaje intelectual errado que ha informado la Ley de Bases del Medio ha colapsado el SEIA. No es raro que ese conjunto de ideas, comunes a gobiernos marxistas, liberales, neoliberales o fascistas, haya alimentado la destrucción planetaria por doquier. El SEIA sigue funcionando en oficinas, papeles, timbres. Pero su eeg es plano.

La biología médico-ecológica de Aristóteles

En su Historia de los Animales (HA), Aristóteles condensa su saber biológico con una actualidad sorprendente.

Su enfoque reconoce el imperceptible paso hacia lo viviente desde la fisicalidad de la tierra:

La naturaleza pasa tan poco a poco a poco de los seres inanimados a los dotados de vida que, a causa de esa continuidad entre ambos, los entes intermedios y a caballo entre unos y otros, no se sabe a cuál de las especies mencionadas pertenecen (HA p. 588b)

Las partes VIII y IX pueden considerarse el nacimiento de la ecología, solo que se trata de una que no sólo incluye como en el párrafo anterior la agencia de los seres no vivos, sino que además considera la inteligencia como una cualidad omnipresente en los vivos. Delfines, pulpos, abejas son tratados con un afecto que ya se quisiera Konrad Lorenz, Jean Piaget o Edward O. Wilson.

En sus descripciones llenas de sabiduría anatómica y biológica (con sus errores, el más hermoso claro está, la generación espontánea) despliega un amplio conocimiento de moluscos, con especial énfasis en las sepias. Esponjas, Halciones, pájaros carpinteros, cetáceos, focas, caballos y perros, todos muy presente.

Dado que a Latour le importa mucho la generación, sus tres capítulos organizados bajo este título: V, VI y VII tienen muchos detalles para una reflexión actual que distinga generación de producción.

Y justamente la cuestión más médica de este texto, tiene que ver con la generación: anatomía y fisiología de la generación (no usaré reproducción, pues es demasiado industrialista). Aristóteles conoce los tiempos del estro y de la preñez, las condiciones del parto, los loquios, el meconio. Y las molas.

Parafraseando a Whithehead, podríamos decir que toda la ecología es un comentario a pie de página de Aristóteles (e Hipocrátes?). Sobre todo porque parece ser que Aristóteles ha sido el primero en registrar la biología de la historia. Con esta sentencia, Hanna Landecker alude a la transformación radical de los seres vivos por la acción humana. En ese sentido, la obra de Darwin sería uno de esos primeros pies de página, con su énfasis en la selección artificial y los efectos de la domesticación.

Aristóteles reconoce los efectos de la crianza sobre los animales y del contacto con el humano. Señala incluso que en aquellos animales provisto de audición, la transmisión humana de la palabra tiene un efecto de aprendizaje y enseñanza.

Si los convencionales se han enredado debatiendo acaso los animales son sintientes, les bastaría leer a Aristóteles para saber que son muchísimo más que eso.

Los caracteres de los animales más desconocidos y de vida más corta nos resultan menos claros de captar, pero los de animales de vida más larga resultan más claros, Estos últimos, en efecto, se muestran provistos de determinadas facultades naturales concernientes a cada una de las afecciones del alma: a la astucia y a la estupidez, a la valentía y a la cobardía, y también a la mansedumbre y a la agresividad y a los demás estados de este tenor. Los hay que participan a la vez de la facultad de aprendizaje y de la enseñanza, unos por transmisión generacional y otros por transmisión humana, En este último caso se encuentran precisamente los que estan dotados del don de la audición: no sólo los que distinguen del oído las diferencias entre los diversos sonidos sino también los que en iguales condiciones distinguen las diferencias entre las diversas señales. (HA. 608a)

Entre el Trumpismo chilensis y la jovial inexperiencia

El inmovilismo de las agencias estatales tras 4 años de crisis política aguda, se debate entre la presencia en roles claves de la generación de Trumpistas chilensis y la lenta incorporación de la nueva generación de recambio.

Los jóvenes no tienen garantizada ni la serenidad, ni el conocimiento, ni la pureza ni el compromiso. Por lo pronto el atributo de la inexperiencia es su mayor proeza si acaso lo saben poner correctamente en acción.

Las universidades transformaron la transmisión oblicua en negocio, destruyendo el nexo intergeneracional. La continuidad y la confianza están rotas, pero los jóvenes tampoco saben de qué lado está lo intelectualmente valioso y/o verdadero.

Cuando Carlos Matus señaló cinco problemas de la política en América Latina , apuntó a cuestiones que hoy son agudísimamente graves: desenfoque, ignorancia de 2º orden, baja responsabilidad, electoralismo, ultracentralismo.

Es hora de que la generación excluida no calle, que ayude, ilustre y proponga. Lo que está en juego es muy serio. LOs trumpistas estan confundidos, pero no en desbande.

Hemos vivido militares expertos en todo, cuadros partidarios expertos en todo, ingenieros comerciales expertos en todo, usuarios de redes expertos en todo.

La sociología de la vida colectiva es un asunto algo más complejo que la milicia, la militancia o la ingeniería. El saber concreto de los problemas, de los territorios, de su historicidad es indispensable.

Eso nunca ninguna Universidad lo enseñó. Menos en estos tiempos.

La tierra es del tamaño de B 612

Saint-Exupéry vislumbró que la tierra es pequeña y frágil, que volcanes, baobabs, ovejas y rosas requieren por igual una dosis de cuidado diario, que no hay especies infinitas, ni océanos infinitos.

Quizás fue su mirada desde arriba que le mostró que todo estaba a la mano (Vol de nuit) o esa fidelidad al cumplimiento de los deberes (Citadelle) o la felicidad de los pequeños encuentros a la orilla de un río (Lettre á un ottage) que le hicieron columbrar que realmente el planeta tierra es minúsculo y que sin una preocupación constante podría acabarse.

De esta tierra de campesinos y viñedos vienen algunas de las más sabias palabras para caminar en el Antropoceno: Exupéry, Deleuze, Latour, Kasik.

La imposible protección de la naturaleza en la nueva constitución

El dilema de los modernos es mantenerse en la crisis del antropoceno como tribu moderna o transformarse y volverse indios. La constituyente quiere ser moderna a todo trance.

¿Cómo resolver la crisis si se busca la salida en proteger una naturaleza que existe únicamente para los modernos?

Mientras sigamos creyendo que vivimos en un mundo doble: sociedad adentro/naturaleza afuera, las soluciones seguirán siendo confusas.

El mundo es uno sólo. Se trate de Gaia, de la mapu, pachama, sistema tierra. No una esfera puramente rocosa, sino un mundo llenos de seres animados y que responden de manera ruda a las perturbaciones climáticas, químicas y biológicas generadas por los modernos.

La crisis ambiental, climática hunde sus raíces en esa dualidad Naturaleza/Sociedad que está en el corazón de la ontología de los modernos. Esta radical oposición entre una naturaleza inanimada, constituida sólo de fisicalidades, distante de un mundo de humanos, pleno de subjetividades, es lo que permite arrasar con bosques, destruir cerros y agobiar el agua y los seres vivos, para obtener ganancias a partir de recursos. Sin disolver todo ese núcleo epistemológico, no hay comprensión cabal de la crisis. Por eso, su mejor nombre no es cambio climático, calentamiento global o destrucción de la naturaleza. Su mejor apelativo es Antropoceno.

La convención y los modernos son excepcionales en su modo de pensar, pues todas las otras tribus de humanos viven en mundos unificados y plenos de animación: viento, animales, plantas, aguas. Animados y colectivos, cosmopolíticos todos, jaguares con los que se debe dialogar diplomáticamente, piedras habitadas por espíritus con los que se debe negociar un acuerdo, plantas a las que se debe un gesto de respeto. Selvas llenas de diplomacia como dice Viveiros, familias llenas de sospechosos incestos con águilas y serpientes. Cuando los modernos piensan en el problema actual, lo piensan modernizando un poco más. Nuevos enclosures, nuevos afueras: la naturaleza como algo a encerrar en el SINAP, con mejores o peores reglamentos.

Como si los tripulantes del Apolo XIII hubiesen pensado que su «Houston, we have a problem”, ocurriera afuera de su nave y del frágil cordón umbilical con la tierra.

Nuestro problema no es ejercer la «freedom to choose» escogiendo un paradigma en las góndolas de supermercados kuhnianos (con el perdón del sabio Thomas).

Nuestro desafío es reconocer que no hay ningún afuera, se lo llame naturaleza, ecosistema, medioambiente. Nuestro problema es aquí adentro, en el interior en el que somos y estamos, el biofilm de seres vivos holobiontes negociando entre ellos, flores e insectos, bacterias y hormigas, hongos y putrefacciones.

Cuando Crutzen en febrero del 2020, en Cuernavaca señaló en una reunión del IGBP que ya no estamos en el Holoceno, sino en el Antropoceno, lo que señala y con èl, la élite de occidente es <<we have a problem>>.

Tras que ese mensaje haya sido radiado por el éter, la convención no puede dejar de abrir esa botella oceánica que al menos señala que ya ha estallado nuestro propio <<pretty large bang>>.

La convención constitucional necesita ser un Houston, es decir una asamblea de 1200 expertos en navegación que traen de vuelta a tierra a un país embarcado en una aventura extraterrestre llamada modernización, cuyo sistema de sustentación ha sido arruinado por una serie de cortocircuitos: Pinochet, Concertación, Piñera, 18 de Octubre y finalmente pandemia. Fallas en la climatización, grave limitación de oxígeno y agua. Podríamos decir que somos millones los Fred Haise afectados corporalmente por la falta de agua, causada por la avería.

Creer que la constitución puede hacer aterrizar a los modernos en la terrestre realidad del antropoceno, sin un movimiento social que está realizando en la vida misma ese aterrizaje, es el mismo error que llevó a una convencional a creer que una sentencia sobre un poder dede abajo, podría ser enunciado con éxito performativo desde la convención. Para tal tarea se precisa un conjunto de equipos y responsables con las destrezas de los Houston: Gene Kranz, «Equipo blanco»​ , ​ Glynn Lunney, «Equipo negro», Milt Windler, «Equipo granate» y Gerry Griffin, «Equipo oro». Pero esta vez además una fuerza política con la fuerza y convicción de los movimientos sociales del siglo XIX y XX.

Los verbos que causan nuestra crisis y que empapan todo lo que los modernos piensan y viven son: desarrollo, crecimiento,economización, producción. Aceleran la crisis aquí adentro en nuestra Apolo XIII.

La cuestión no es proteger ese afuera, generando otras vez enclosures. Necesitamos recomponer lo que entendemos por economía y producción en la heteropiesis de la vida, a lo que Latour llama generación.

La constitución debe tomar partido. O se ubica del lado de los que entran con sus tanques y bombarderos contra la tierra o de quienes defienden con biología las condiciones de existencia. En esto no hay un sustrato común. Tal vez tregua y negociación. Pero para eso, reconocimientos de la existencia de bandos en beligerancia.

Cuando nos enteramos que hay en la RM 52 mil piscinas en plena megasequía, podemos entender qué sienten los ucranianos.

La convención sólo puede escribir aquello que colectivos en acción estén ya realizando.

La debilidad organizativa de la clase ecologista para desplegar su capacidad es lo que permite la ceguera antropocénica de la convención y del gobierno.

La presencia del antropoceno en estos dias de marzo: megasequía, temperaturas extremas en la antártica, guerra y precio de combustibles, nos gobierna, nos constituye y nos convenciona.

Las reglas convencionales, ministerios, subsecretarias e instituciones colectivas deben comprender esta nueva situacion geocolectiva de nuestras vida y desde allí, ordenar sus esfuerzos.

Entre tanto la urgente organización de una clase ecológica conciente y orgullosa de hacerlo, llena los afanes del pueblo ecológico que disperso y fragmentado, empieza a reconocer en su vida los signos de antropoceno descoyuntado.

Descarga aquí Las dificultades de la Convención y lo que debe importar a la clase ecologista

Presentación de Valparaíso Review of Books

En la tarde equinoccial presentamos la Valparaíso Review of Books, con la presencia de queridos amigos y camaradas de pensamiento y esperanzas (a veces rabias también).

Gracias Tuillang por tu lectura de la Valparaíso Review, tus juicios y afectos. Gracias a todos quienes nos acompañaron desde algún lugar y estuvieron sumándose a este puñado de pájaros.

La palabra nos reúne, la palabra se vuelve el principal presente que nuestra especie puede poner en movimiento para que el planeta encuentre una senda convivencial con Illich, de transformaciones con Kafka y heteropoiética con Haraway. Nuestras palabras enredándose a las suyas, cadillos o amores secos que no sueltan.